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El año 1231, generalmente aceptado por los cronistas de
la orden franciscana como fecha de la fundación, corresponde a un momento en
el que todavía estaba muy vivo en la zona el fenómeno románico. Muchos
autores asociaron el hecho de la fundación del Convento a la preexistencia
en el lugar de un importante eremitorio anterior a la conquista árabe de la
Península Ibérica.
Existe
un texto de inigualable valor que nos sirve de guía para hablar de él, se
trata de la «Historia de Nuestra Señora de los
Ángeles de la Hoz. Cronología
de los tiempos de su duración, y vicisitudes de este Santuario hasta el
presente siglo», escrita por Fray Felipe Vázquez, franciscano del convento
de Peñafiel, y publicada en Valladolid en 1786.
Fray
Felipe citaba en su Prologo Apologético a autores como Fray Juan de Horche,
Frutos de León y a un escritor anónimo, como sus predecesores en narrar la
historia del lugar, aunque considera que en muchas ocasiones estaban, según
él, equivocados. No dejo de citar a cronistas de la orden franciscana como
Wandingo, Gonzaga o Calderón, que en sus trabajos se ocuparon también,
aunque de pasada, del Convento de la Hoz.

Año 1970 - Año 2000
El Monasterio de la Hoz se encuentra situado en el punto
mas septentrional del termino municipal de Sebúlcor, en pleno Cañon del
Duratón. Lo impresionante de su emplazamiento, en una pequeña lengua de
tierra respetada por el encajonamiento del río en una de sus hoces más
cerradas, y la espectacularidad de su entorno, hacen del lugar la joya
paisajística de nuestro pueblo. Actualmente, las aguas del pantano, siempre
que su nivel sea alto, hacen imposible el acceso por tierra. No deja de ser
un hecho a tener en cuenta la proximidad de la
Solapa del Águila, el mas
importante conjunto de arte rupestre esquemático de la provincia de Segovia.
Pero si retrocedemos doscientos años nos encontramos con que Fray Felipe no
compartía esta opinión: «Yace un convento en una profundidad horrenda. Yace,
digo, porque esta como en una lóbrega sepultura». El paso del Duratón no
debía ser tan reposado como ahora, y era tan ruidoso e infundía tanto pavor «que no se puede dormir por lo bullicioso de sus
clamorosas aguas». Gracias a Fray Felipe sabemos que existían en aquellos
tiempos dos accesos: el Portillo de las Tres Cruces, por el oeste, y el
Portillo de Pedraza, por el sur. En otro lugar de su obra menciona el camino
de Sepúlveda pero añade que es de muy difícil entrada por lo escabroso de la
senda. En esa pequeña lengua de tierra que antes mencionábamos existía,
según este autor, «una hermosa capilla o iglesia muy acomodada con dos
naves, coro muy bueno, sacristía suficiente, hermoso camarín (...). Y para
sus capellanes, pobres de solemnidad, el mismo corto espacio referido tiene
una muy religiosa clausura, y convento, con todas las correspondientes
oficinas, claustro alto, y bajo, tránsitos y dormitorios, y en suma no se
echa de menos cosa alguna que tenga el mejor Convento de esta Santísima
Provincia, y que pertenezca para la regularidad de una comunidad de Veinte y
ocho religiosos, o treinta que suelen habitarle (...). Para obsequiar a los
huéspedes devotos, hay también en dicho corto distrito una capacísima Casa,
y plazuela, y es una admiración del ingenio, ver como en tan pequeño campo
se ha hecho para todo esto lugar». El viajero que hoy se llegue hasta la Hoz
sólo podrá contemplar un conjunto de ruinas, entre las que queda en pie una
única fachada.

En cuanto a la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles
dice Vázquez que «fue acertada inventiva de los anacoretas, ermitaños o
monjes que antiguamente habitaron entre los escarpados peñascos y grutas de
estos desiertos». El sobrenombre de «la Hoz» no viene del apellido de la
familia Hoces que nada tuvo que ver con la fundación del monasterio, sino
del elemento característico del paisaje de la zona «de los profundos tajos
excavados por el río.... pues semejantes quebraduras, honduras, y
profundidades, se llaman Hoces en el común lenguaje y modo de hablar de los
castellanos». Si bien esto último es indudable, la primera afirmación es más
difícil de sostener, aunque se base en un fenómeno real que hemos calificado
como eremítico rupestre, revisable según avancen las investigaciones y
puedan aconsejar el cambio de esta terminología. Por el momento, nada es
posible decir con seguridad del origen de la advocación.
Sabemos
con certeza que el Convento Franciscano de Nuestra Señora de los Ángeles de
la Hoz fue fundado en 1231, hecho que recogen unánimemente los cronistas de
la Orden y que parece indiscutible, y fue abandonado a partir de la
desamortización de Mendizábal. Sobre este periodo y la suerte que corrieron
la imagen y el lugar hablaremos un poco más adelante. Surge ahora una
pregunta: ¿Por qué los franciscanos fundan un Convento en este lugar? La
respuesta sólo la podremos encontrar remontándonos a esa fecha de 1231, y es
tarea extremadamente difícil. No se conserva, o mejor, no conocemos ningún
resto no ya más antiguo que la fecha de fundación, sino anterior a los
últimos años del siglo XV. Además, como ya señalaron Martín Postigo y Linage,
no conservamos la documentación relativa a la fundación del Convento, que
podría arrojar alguna luz sobre la situación preexistente. Llegados a este
punto, no podemos hacer otra cosa que retomar a Fray Felipe Vázquez y
escudriñar en las penumbras de una tradición que nos habla de esos siglos de
oscuridad anteriores a 1231.

Decía Fray Felipe que el primer templo que existió en el
lugar había que situarlo en época anterior a las invasiones de los bárbaros,
en lo que en la actualidad denominamos periodo tardorromano. Este primitivo
templo se erigió bajo la protección de Nuestra Señora de los Ángeles y de
San Pantaleón, médico, predicador y mártir del siglo III. Dice textualmente:
«No hallo pues, dificultad, en que hubiera por aquellos tiempos monjes
retirados a estos desiertos, para la contemplación los más acomodados, en
los cuales resplandecía la Fe y la Piedad más que ahora, o vivieran en
cabañas, como anacoretas, o en rededor de este Santuario esparcidos en
cuevas, o viviesen en comunidad, como cenobitas, y después abrazaran en
tiempo de San Gregorio, o cuando predicó en España San Martín de Dumio, la
Santa Regla de San Benito. No hallo, digo, dificultad en que tuvieran por
abogado, patrón y titular a San Pantaleón, Mártir ínclito y médico
soberano». Para afirmar la existencia de monjes benitos en momentos
anteriores a la invasión árabe se apoyaba nuestro escritor en los cronistas
benedictinos y en un retablo situado en Sebúlcor. Con respecto a lo primero
alegaba Martín Postigo (1970) que seguramente esos cronistas se vieron
inducidos a cometer este error -pues como tal debe considerarse al haber
llegado los benedictinos a España después de la época visigoda- por el hecho
de la donación a los benedictinos del lugar tradicional de San Frutos. En
cuanto al retablo, aparecían en él las imágenes de San Benito, Santa
Escolástica, San Pantaleón y San Martín de Dumio, hecho en el que encontró
Vázquez apoyo para su teoría.

Sobre la figura de San Frutos, y sus hermanos,
relacionada con el Monasterio de la Hoz, nos cuenta Fray Felipe: «Tenían
(...) cada uno de los tres hermanos su celdilla o ermita separada, pero
esto no impide, antes bien parece muy verosímil, que en la de San Frutos, o
junto a ella hubiese su iglesia en que en ciertos tiempos, y a determinadas
horas, se juntasen todos a orar y practicar ejercicios espirituales; y por
consiguiente que la celdilla de San Frutos a distinción de la de sus
hermanos tuviese ya desde entonces con razón el nombre y la realidad de
Monasterio, aunque sujeto al de la Hoz» .San Frutos fue además el
responsable, según la tradición de la ocultación de la imagen de Nuestra
Señora de los Ángeles en el año 714. Nada de esto se pude afirmar ni negar a
la luz de los conocimientos actuales. Resaltamos, sin embargo, el importante
trasfondo de toda la historia: la existencia de comunidades religiosas que
buscaban añadir a la dimensión espiritual de la experiencia anacorética las
ventajas de la vida cenobítica. Testimonio fundamental de este fenómeno es
la Cueva de los Siete Altares. Un establecimiento de similares
características debió de existir en las proximidades del Priorato de San
Frutos; y a esto, hemos añadir ahora la misma lógica suposición para el
lugar donde en 1231 se erigió el Convento de Nuestra Señora de Los Ángeles
de la Hoz, aunque en este caso no se trataría de una cueva.

Ya hemos dicho que, según la tradición recogida por
Vázquez, la imagen fue ocultada en el año 714 para salvaguardarla de la
intransigencia musulmana. Según el franciscano, los monjes huyeron al norte
y los parajes de la Hoz sirvieron de refugio para parte de la población
cristiana de estas tierras. Prueba de esto último es que «aún en estos
tiempos se hallan porciones de esqueletos humanos según me refieren los
paisanos y algunos religiosos». Nada más sabemos por Fray Felipe de esta
época de oscuridad hasta llegar al año 1076, en el que sitúa con acierto la
donación real del lugar de San Frutos al Monasterio de Silos. Recoge también
la consagración de la iglesia del Priorato en el año 1100. Con cierto
escepticismo en cuanto a la fecha, nos narra Fray Felipe la aparición de la
imagen de Nuestra Señora de los Ángeles en 1125, 400 años después de haber
sido ocultada: un pastor llamado Pedro apacentaba su rebaño en las
proximidades de la Hoz cuando notó un resplandor sobre el promontorio
cercano a las ruinas del primitivo templo. Grandemente sorprendido, a medida
que disminuía la luz distinguió una imagen de la Virgen que le habló con
estas palabras -según Vázquez-: «Anda Pedro, y di al Prior de San Frutos
venga luego a colocarme en aquel sitio (señalando la ruinosa ermita
antigua), que es el mismo en que antes fui venerada». Hasta San Frutos se
llegó Pedro, pero los monjes, prudentemente no le creyeron. Volvió el pastor
junto a la imagen y de nuevo recibió el mismo encargo. Otra vez caminó hacia
San Frutos y al llegar los monjes observaron en él un increíble brillo. El
Prior decidió esta vez seguir a Pedro. Sorprendidos quedaron aquél y el
compañero al observar el resplandor «al pie de esta montaña, que es un
extremo del Poyal que llaman del puente, por estar enfrente del puente
antiguo». Hasta la cumbre subió milagrosamente el Prior a recoger la imagen.
Después, «colocaron a la Augustísima señora en la antigua ermita que fue su
casa».

Para explicar la fundación Franciscana en 1231, Fray
Felipe Vázquez se remonta a la presencia en España de San Francisco, durante
el reinado de Alfonso IX. En concreto, destaca la fundación por el santo de
un Convento de Ayllón. Fray Bernardo de Quintaval, primer ministro
provincial de España, durante su estancia en Ayllón, hubo de tener noticias
del sagrado lugar de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz. Lo mismo
sucedió con su sucesor, Fray Juan de Parente, quien desde 1230 fue General
de la Orden. Ese mismo año fue nombrado provincial de España Fray Juan de
Plano. Era obispo de Segovia Bernardo, quien incentivó la fundación de
conventos franciscanos en su provincia: «Y así, cando llegaron los pobres
evangélicos a pedir esta ermita de Nuestra Señora de los Ángeles, que ya los
Benedictinos les habían prometido, con la venia y beneplácito del Señor
Obispo fundaron este convento (....). Hecha, autorizada y confirmada esta
donación, pasaron los Religiosos franciscanos en virtud de ella a tomar
posesión del sitio, Iglesia, y eremitorio de la Hoz en el año de 1231:
gobernando la Nave de San Pedro Nuestro Santísimo Padre Gregorio Nono, los
Reinos de Castilla el Santo Rey don Fernando y la Iglesia y Obispado de
Segovia, Don Bernardo». En 1233, Fray Juan de Parente convocó Capítulo
General en Soria y dividió España en tres provincias, Castilla, Aragón y
Santiago. A Castilla pertenecía Nuestra Señora de la Hoz. En 1260, siendo
general San Buenaventura, se divide la provincia de Castilla en 8 Custodias.
La posterior provincia de la Concepción se formó con 3 de estas Custodias:
Segovia, Palencia y Numancia. «Esta última se integraba de los conventos
de Soria, Ayllón, La Hoz y Atienza. Cada uno de éstos conventos tenía su
Guardián, y los Guardianes estaban sujetos a la ordenes de los Custodios, y
el Provincial era como Juez de apelación». Por todo esto sabemos que unos 30
años después de su fundación, en 1260, estaba en Convento de La Hoz en la
Tablas Capitulares, lo que es prueba fehaciente para Fray Felipe de la
veracidad de la fecha fundacional, 1231.

Para la edificación del Convento, sufragado por limosnas
y donaciones, se utilizaron materiales de escasa calidad, de tal manera que
la noche del 7 de septiembre de 1492, a excepción de la Iglesia, se
derrumbó, dándose la buena fortuna de estar en ese momento toda la comunidad
rezando maitines. Recibió esta noticia la reina Isabel la Católica durante
una estancia en Aranda y decidióse a reedificarlo. No conocemos
detalladamente las obras que se realizaron, pero acudiendo a Fray Felipe -cómo no- podemos saber que se desmontaron parte de los peñascos que
amenazaban con derrumbarse sobre la obra proyectada. Sabemos que este se
refería a la obra de la Católica como «lo antiguo» del convento. Las armas
de la reina Isabel aparecían en varios lugares: el receptorio, el
claustro,.....Además visitó la reina muchas veces el convento, teniendo
incluso sus propias estancias. Su tarea tuvo continuación en la figura de
Felipe II, muy devoto de Nuestra Señora de los Ángeles, quién prosiguió la
eliminación de dificultades topográficas hasta conseguir. «Una plazuela y
una casa para que se hospedasen los devotos sin molestia de los religiosos,
ni estorbo de sus empleos respectivos y ejercicios santos. Véanse las armas
a un lado del campanario en un bien trabajado Real Escudo, y además de esta
perpetua señal hay una piedra que forma ángulo en la casa para los Huéspedes
y tiene esta inscripción:


Esta
inscripción yace hoy en el suelo entre las ruinas del Convento. No hay
noticias de más obras, por lo que debemos suponer que a partir de Felipe II
poco cambió el aspecto del lugar, aunque arreglos y reformas se harían
precisos con el paso del tiempo.
Después
de un intento fallido por parte del canónigo segoviano Morales y Tapia de
vincular el Patronato de la iglesia del Convento a su familia política, los
González de la Hoz, en 1587 se crea realmente esta institución. Dice al
respecto Fray Felipe: «Fundóle Don Francisco de Proaño, regidor perpetuo
de la Villa de Sepúlveda, Señor del Mayorazgo de Aldea de la Peña, etc.
(....) Pasó este patronato a Don Baltasar Gonzáles de Proaño, Caballero de
la Orden de Alcántara. Y al presente es el patronato de la iglesia solamente
como sus antepasados nobilísimos ascendientes, Don Antonio Arteacho Proaño y
Rojas, Señor de las Villas de Duruelo, Sigueruelo, Sotillo, etc.... ».
En 1680,
siendo Guardián de la Hoz el venerable Siervo de Dios Fray Francisco
Salmerón, se funda aquí el primer Colegio de misioneros de España. Tal fue
la afluencia hacia el que en 1683, por la estrechez del sitio, es menester
trasladar el Colegio al Convento de Sahagún.

En
cuanto a las relaciones entre el Convento de Nuestra Señora de los Ángeles
de la Hoz y el Priorato Benedictino de San Frutos, especialmente estudiadas
por Martín Postigo (1970), solo diremos que fueron difíciles en muchos
momentos y dieron lugar a pleitos y disputas que se extendieron durante algo
más de dos siglos. Sin embargo, cuando Fray Felipe Vázquez escribió su
Historia de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz, restó importancia al
tema, y se refirió siempre a los monjes de san Benito en términos de
gratitud por la donación de este y otros muchos lugares para la edificación
de conventos franciscanos.
La
desamortización de Mendizábal tuvo como consecuencia la marcha de los
religiosos franciscanos. La milagrosa imagen de Nuestra Señora de los
Ángeles de la Hoz fue llevada a la iglesia de los Santos Justo y Pastor, en
Sepúlveda, donde siguió recibiendo culto «a expensas de los antiguos
patronos. Su novena era bastante popular» (Linaje, 1989). Pero no terminó
aquí la peregrinación de la sagrada imagen. El lamentable estado de la
iglesia donde fue depositada, cuyas obras de restauración siguen hoy paradas
debido a la mala gestión de las administraciones públicas, llevó a la
Familia Lara, descendientes ilustres de los patronos de la Hoz, los Proaño,
a acoger la imagen en su casa, evitando de esta manera su deterioro o su
desaparición. En cuanto al monasterio, sabemos que hasta el siglo XX
permaneció en él una familia de guardeses que lo cuidaron en la medida de
sus posibilidades. Todavía queda gente en Sebúlcor que recuerda el Convento
en mucho mejor estado que el actual. Su deterioro se ha acelerado en las
últimas décadas.

EXTRACTO DEL LIBRO*
DE CUENTAS DEL CONVENTO, AÑO 1796-1800
|
CONCEPTO |
DESCRIPCIÓN |
IMPOSICIÓN |
|
Vino |
de Pesquera |
412 |
|
Asistencia |
para pagar la Asistencia del Tenientazgo del P.
Fr. Agustín de la Inojosa |
360 |
|
Barra nueva |
para pagar la hechura de una barra de 22 libras |
20 |
|
Jornales |
para pagar los obreros de la nueva plazuela |
150 |
|
Rueda de agua |
para componer la rueda de agua con que se riega
la huerta |
40 |
|
Chocolate |
a cuenta de 100 libras de chocolate que se
están debiendo a D. Mansilla vecino de Aranda |
615 |
|
Tabaco |
para 11 libras de tabaco y sus latas
correspondientes |
539 |
|
Vizcochos rosados |
para dos libras de vizcochos rosados |
18 |
|
Vizcochos de pan |
para una libra de los de pan |
7 |
|
Medallas y estampas |
para 42 medallas de plata y 82 estampas de
nuestra señora |
32 |
|
Colchonero |
para un colchonero |
8 |
* El libro de cuentas del convento ha sido
recopilado y cedido por Pedro Hernando, nosotros ponemos aquellas
anotaciones que nos resultan mas curiosas.
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