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En esta página:

La resina en Sebúlcor----La instalación de iluminación en la pista polideportiva de Sebúlcor----"El Convento de la Hoz. Diario de una investigación"----Otro altar restaurado----Toribio y Ramón, dos artistas de la madera----El Retablo de San Benito, antes y después----Si no pita no pasa----La pila Bautismal----La Matanza tradicional----El Brindis de las Pacas----El Pregón de la Magdalena 2003---- Los Brujos

 

 

LA RESINA EN SEBÚLCOR

Texto escrito por Miguel Arranz y publicado inicialmente en la revista de la Asociación de Amigos del Convento de la Hoz.

 

Corría la última década del siglo XIX. El Ayuntamiento de Sebúlcor era y es, propietario de un monte poblado de pino negral o resinero, con una superficie global de más de 600 hectáreas, que en el transcurso de los cien años anteriores había surgido y prosperado lentamente sobre el inmenso arenal que cubría todo el sector nor-occidental del término municipal.
En la provincia de Segovia y en sus pueblos más occidentales de la masa de pinos resineros, en la década anterior a la mencionada al principio, fue donde se hicieron los primeros ensayos de la obtención, mejor dicho extracción de la resina del pino negral y por ende, donde se formaron los primeros resineros, que una vez aprendido el oficio en su forma más rudimentaria, pues a mis oídos ha llegado que extraían la resina en sus principios a base de herir al pino con un hacha pica, que nada tenía que ver, aunque fuera muy bien afilada con la herramienta llamada azuela o escoda que ya he descrito en el artículo anterior “El oficio de resinero”, pues al igual que si te das un corte en tu propia piel, con una navaja de corte áspero y llena de mellas, tus vasos sanguíneos de desgarrarán y la sangre fluirá mal e irregular, en cambio si la navaja tiene el corte uniforme en suavidad y finura la sangre fluirá espontánea y limpia, de la misma manera el pino, que es un ser vivo, reaccionará en hacer fluir su resina idénticamente, por lo que, he aquí la importancia que tenía el forjado en su forma especial y única y el temple y afilado en su corte, de hacerlo todo con el máximo esmero en la dichosa herramienta, que a los propios resineros nos traía de cabeza en ocasiones, bien porque su forma no era la correcta y decíamos que no caía bien al pino, o su temple y afilado no era el adecuado por defecto o por exceso, doblándose o saltándose su delicado corte.
Una vez que por la zona de la masa occidental forestal segoviana los resineros se iban formando como tales y aumentando su número, como siempre ocurre ante algo nuevo que aparece, surgen los primeros pioneros del oficio, o nueva forma de ganarse la vida, y así fue, como un señor de Navas de Oro, llamado Celestino Capa, que ya sabía el oficio, formado matrimonio con una vecina de Coca llamada Ignacia, amén de dos hijos ya nacidos, haría su exploración de pinares vírgenes, pareciéndolos esta zona norte de la masa resinera provincial, situada en parte en nuestro término municipal, lo suficientemente idónea para su explotación resinera, por lo que, una vez hechos los contratos verbales o escritos con las autoridades locales competentes en aquel momento, se establecieron en Sebúlcor como empresa contratadora y explotadora de su pinar resinero, hay que hacer constar, que este señor trajo sus obreros correspondientes que bajo el mando y dirección del Sr. Celestino Capa fueron los primeros resineros que hubo en Sebúlcor en las postrimerías del siglo diecinueve y principios del veinte.
Esta familia pionera de la resina en Sebúlcor tuvo otro hijo nacido aquí, llamado Claudio cuya edad iba pareja con los años del siglo veinte, y que al contrario que sus hermanos, uno militar y otro guardia civil, el sí que se hizo resinero, formando aquí su familia, casándose con Anita Gómez y de cuyo matrimonio tuvieron cinco hijas y un hijo.
El tío Capa como familiar y amigablemente le llamábamos, hizo toda su vida laboral trabajando de resinero en el monte de propiedad del Ayuntamiento, jubilándose por su edad reglamentaria en 1965, haciendo honor a su padre, que fue el primer resinero que hubo en Sebúlcor.
A medida que el tiempo avanzaba, los primeros resineros naturales de Sebúlcor, aprendieron el oficio a cargo del Sr. Celestino, como Mariano Martín (tío marianete) junto con sus tres o cuatro hijos varones, fueron los primeros vecinos de Sebúlcor que trabajaron el oficio de resinero.
De la misma manera, varias familias completas de la zona del Carracillo Segoviano, como S. Boal, S. Martín y Mudrian y Sanchonuño, ante las buenas perspectivas de trabajo en la producción resinera que había en Sebúlcor, pues además del pinar del Ayuntamiento, estaba el pinar del Barrio y las fincas particulares que rodeaban toda la masa forestal de los montes antes mencionados, pues a medida que transcurrían los años dejaban de labrarse para la agricultura, para convertirlas en pinares resinables y como quería decir de S. Boal vino la familia Tejedor Aragón, compuesta por el padre y siete hijos, cuatro varones y tres mujeres; de S. Martín y Mudrian vino la familia Matesanz Herranz compuesta por el padre tres hijas y un cuñado y la familia Pinilla Torquemada compuesta por el matrimonio y alguno de los hijos, otros nacerían aquí y de Sanchonuño vino la familia Pascual Nevado, que la componían, la madre ya viuda y cinco hijos, cuatro varones y una mujer.
Todas estas familias a medida que el tiempo transcurría, se fueron mezclando, por medio del matrimonio con otras propias de aquí y aunque la verdad era que si bien, no todos sus descendientes se dedicaron a la resina, sí su mayoría, pues ya entre los años 1930-1940, entre todos los que vinieron de fuera y los que aprendieron el oficio de aquí, el cartel de resineros en Sebúlcor rebasaba ya las posibilidades de puestos de trabajo que sus montes podían generar, por lo que, si Sebúlcor a principios del siglo veinte recibió emigración resinera, en las décadas antes mencionadas, sobre todo en la de 1930, creo emigración resinera, tanto dentro de la provincia de Segovia en su zona de Cuellar, como a otras provincias Burgos y Soria, donde varias familias resineras de aquí tuvieron que marchar allá.
Ya en la década de 1950, se produjo el gran auge de la industria resinera, pues aparte de los montes propios del Ayuntamiento y comunidades que normalmente se venían resinado, se abrieron a su explotación resinera en todos los pueblos de la comarca, pero sobre todo en Cantalejo y Fuenterrebollo, donde en cada uno de los pueblos pasaban de los cien mil, todos pinos particulares, y ante estas posibilidades de trabajo, en Sebúlcor, varias familias, podíamos decir numerosas, se consolidaron como verdaderos profesionales del oficio de resinero y considero que es bueno mencionarlas para la posteridad y así poder saber de qué y cómo vivieron nuestros ancestros en la época dorada de la resina. No haría bien, si también no dijera que todas las familias que ahora mencionaré, en mayor o menor grado, descienden de las familias pioneras de la resina en nuestro querido pueblo mencionadas al principio.
Por un lado teníamos la familia de Anastasio Martín, casado con Evarista Pastor, que tuvieron diez hijos, siete varones y tres mujeres; otra familia la de Justo Tejedor, unido en matrimonio con Juana Blasco con ocho hijos, seis varones y dos mujeres; la tercera familia la componían Félix Gregoris y Rita Matesanz, con ocho hijos, cuatro de cada; la cuarta familia era la de Lucio Pascual y Gabriela González, con cinco hijos, tres varones y dos mujeres; así mismo la quinta familia la formaban el matrimonio de Galo Martín y Valentina Casado, con sus cinco hijos, cuatro varones y una mujer; ya más joven pero no menos numerosa era la familia de Isaac Pinilla y Paulina Rodríguez, con seis hijos todos varones; dos hermanos de Isaac, Pablo y Benjamín, también trabajaban juntos, y ya consideradas las familias resineras menos numerosas estaban la de Mariano Tejedor e Irene Rodríguez con dos vástagos, chico y chica; Juan Pascual y Mariana Arranz con dos hijos y dos hijas; más tarde nos incorporamos al oficio, nuevos resineros como mi hermano Jesús y yo, que en los años sesenta también formábamos otras nuevas familias de resineros; también hubo algún resinero que no formó familia, como mi tío Mariano Gregoris. Al igual que nosotros, muchos de los hijos de las familias anteriores también formaron su propia familia en dicha década.
Es posible que alguien se me quede en el tintero, pero lo cierto es que en algún momento dado, sobre todo desde 1960 hasta 1975, todas las familias mencionadas nos dedicábamos al oficio de resinero, trabajando además de los montes de nuestro término municipal, también en Cantalejo, Aldeonsancho, Valdesimonte, y Fuenterrebollo, los hombres permanentemente en la extracción de la resina y las mujeres en su recogida cada veinte días aproximadamente.
Se puede decir que en aquellos años, la cuarta parte de los habitantes que tenia Sebúlcor estaban implicados con el oficio de resinero, aunque a medida que los años transcurrían y la gente joven se iban haciendo hombres y mujeres hechos y derechos, algunos tomaban otros derroteros en su vida; pues ocurría, que en las grandes urbes, a medida que España se iba industrializando, demandaban trabajadores que en el medio rural sobraban, debido, primero a su gran multiplicación demográfica de la posguerra civil y segundo a la mecanización que la agricultura hacia la industria, por lo que a partir de ahí las grandes familias de resineros de Sebúlcor se fueron diluyendo hacia otras actividades, bien en el pueblo, aunque las menos, bien en las grandes ciudades las más.
A nivel del municipio como tal, los ingresos por la explotación resinera y maderera de su monte propio en aquellos años era más que importante, podríamos decir que fabulosa, por lo que todos los ayuntamientos propietarios de montes resinables, funcionaban económicamente bien, ya que del valor total anual de sus producciones, el 90 % primero y el 85 % después, podían disponer y de hecho disponían para cubrir holgadamente sus presupuestos de obras y servicios, por lo que, la resina no solo servía para dar trabajo a los resineros, si no que además beneficiaba a todo el pueblo en general y muy particularmente en Sebúlcor, donde se realizaban todas las obras de red de distribución de agua, alcantarillado, pavimentación de calles, alumbrado público, con bastante antelación a otros pueblos, así mismo el ayuntamiento facilitaba jornales a otros obreros del pueblo en arreglo de caminos, limpieza de arroyos, construcción de viviendas para funcionarios públicos, frontón municipal, salón de baile, patrocinio de todas las fiestas locales y un sin fin de gastos que el mantenimiento del municipio conlleva como tal, sin tener que pagar los vecinos ni un duro como se solía decir.
Como anécdota curiosa e importante socialmente, antes de que la Seguridad Social se estableciera y pagara a los médicos, el sistema de pago a estos era por igualas o cuotas a pagar por vecinos o familias, el que podía y quería se igualaba anualmente por una cuota determinada y el médico prestaba los servicios facultativos necesarios a cada cliente y el que no quería, o no podía pagar la iguala, cuando necesitara los servicios del médico era muy libre este de cobrarle lo que quisiera o pudiera; ante un problema tan importante como este, el Ayuntamiento de Sebúlcor durante bastantes años estuvo pagando, a veces la totalidad, a veces en parte, todo el montante de las mentadas igualas de los vecinos con el médico titular, justificándolas ante las autoridades de la Administración Local, por medio de trabajos personales o hacenderas, hasta que esta medida fue totalmente prohibida por ilegal.
Hasta aquí he tratado de dar cuenta de lo que los ayuntamientos podían hacer y hacían con sus ingresos por la resina y también, aunque menos, por la madera y ahora os preguntaréis ¿qué pasaba con el 10% en principio y el 15% después del total del valor de estos productos? Trataré de explicarlo por que también tenía su importancia para la gente del pueblo.
Dentro del Ministerio de Agricultura existía un organismo llamado entonces Distrito Forestal, en nuestro caso de Segovia, que era el encargado de llevar y administrar toda la parte técnica de los montes propiedad de los ayuntamientos y comunidades, como podían ser, ordenación de los mismos, con sus nombres y números, distribución en cuarteles, tramos y tranzones, por medio de cortafuegos cuya anchura y longitud variaban de más a menos según su mención, cada ciertos años se contaba cada monte, pino por pino con su altura y diámetro para estudiar su evolución periódica, organizaba las subastas de resinas y cortas que cada año se realizarían en cada monte, ordenaba las labores de limpieza anual de cortafuegos, entresacas de pinos jóvenes o pimpollos, limpieza de matorrales, poda de pinos, etc. etc. , a todo esto en general se le denominaba mejoras en los montes o mantenimiento en buen estado de estos, y para todo esto, cada ayuntamiento propietario de montes públicos en producción resinera o maderera tenía que enviar anualmente el 10% primero y el 15% después del valor total de su producción al Organismo que antes hemos descrito como Distrito Forestal en nuestro caso de Segovia.
Todas las labores antes detalladas creaban muchos jornales que influían en la economía de los trabajadores del pueblo que los realizaban.
Y esta es la historia, a mi modo de ver, de la resina en Sebúlcor, que yo viví , en mi adolescencia esporádicamente, ayudando en momentos muy puntuales a mi abuelo y tíos, pues lo más importante era el colegio, y a partir de mis dieciocho años, como resinero titular de una mata de pinos, hasta que cumplidos los 56 años dedicándome después, hasta mi jubilación a otra profesión, que aquí no viene al caso mencionarla, pero que también en este último periodo de mi vida laboral, por implicación de uno de mis hijos en el tema de la resina, tuve ocasión y así lo hice, de recordar y practicar otra vez el oficio, y que ahora a mis setenta y cuatro años añoro porque era duro y pegajoso, nunca mejor dicho, pero alegre por su independencia y saludable por sus aromas de monte y resina.

Miguel Arranz           

 

LA INSTALACIÓN DE ILUMINACIÓN EN LA PISTA POLIDEPORTIVA DE SEBÚLCOR


A lo largo del verano pasado varios miembros de la Asociación “Amigos del Convento de la Hoz”, encabezados por Juan Carlos Sanz Martín, profesional de la electricidad, llevaron a cabo la instalación de la iluminación en la pista polideportiva que se ha construido hace un par de años al lado del campo de fútbol de Sebúlcor.

La idea y ofrecimiento surgió precisamente de Juancar, quien consideraba que contando él con un grupo de socios de nuestra asociación que le ayudaran se podría instalar la iluminación y conseguir que el Ayuntamiento se ahorrara una cantidad económica considerable, tal y como se pudo constatar al finalizar la instalación, pues partiendo de un presupuesto inicial, con el que contaba el Ayuntamiento, de 7.000 € para 12 focos, que serían 9.000 € para los 18 finalmente instalados, el coste final se quedó en unos 3.000 €, es decir un ahorro de unos 6.000 €.

Para empezar fue necesario echar dos viajes a Madrid a por todo el material. El primero fue realizado por Juancar, José M.ª Hernández y Juan Pinilla y el segundo por Javier y, de nuevo, Juancar. En cuanto a la instalación propiamente dicha se emplearon otros cuatro días de vacaciones, que más o menos transcurrieron así:

Primer día: Se empleó toda la mañana y Chema, Saúl Pinilla y Juancar, los participantes, la emplearon en meter cables de alimentación.
 


Segundo día: En esta ocasión fue toda la tarde la que emplearon Ángel Santa Engracia, Eugenio Chicharro, Javier y Juancar en cablear el interior de la caseta y el montaje del cuadro.

Tercer día: Una nueva tarde la que emplearon Juancar y su retoño, Víctor, en meter cables a las columnas y a los focos.

Cuarto día: El final del verano se había echado encima y ese día hubo que dedicarle mañana, tarde y noche para dejarlo rematado. Por la mañana se hicieron dos grupos de trabajo. El primero contó con la imprescindible ayuda de Enrique Gregoris y su grúa para que Juancar y Ángel subieran a una altura considerable a montar tres de las columnas y Juancar y Jesús Martín (Mochila) la cuarta. El segundo grupo mientras, que contaba con Chema, Juan Carlos Martín (Rostro), Fernando (Escayolista) y Miguel Ángel Pascual se encargaron de conectar las tomas de tierra.

Ya por la tarde se hicieron de nuevo otros dos grupos de trabajo: mientras J. Carlos Santa Engracia, Uge y el Rostro acababan de conectar los picos de toma de tierra, Ángel y Juancar terminaban de conectar las columnas.

La noche se empleó para hacer la prueba definitiva de la instalación y para orientar y ajustar finalmente los focos gracias a la grúa de Enrique. La prueba fue un éxito total.

Para finalizar decir que en la instalación se montaron 18 focos, que suponen 7.200 w. Este consumo se calculará en coste/tiempo para que el coste de cada ficha que se tendrá que echar en el cajetín que se va a instalar cubra el gasto del tiempo determinado que se calcule y así este consumo sea asumido por las personas que utilicen la iluminación de la pista y no por el pueblo entero.

También se utilizaron 200 m. de cable de 6 y 300 m. de cable de 2 ½ y de ½. Además cada columna cuenta con su propia toma de tierra, tal y como indica el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión, aprobado el 18-09-03, del que se siguieron todas sus Directrices en el total de esta instalación.

Juan Carlos Santa Engracia Blasco

 

"EL CONVENTO DE LA HOZ. DIARIO DE UNA INVESTIGACIÓN"

La Asociación “Amigos del Convento de la Hoz” va a editar próximamente el primer libro que se publica en Sebúlcor a lo largo de su historia. Se trata de “El Convento de la Hoz. Diario de una investigación” y su autor es J. Carlos Santa Engracia Blasco. En él, utilizando como hilo argumental un diario, el autor va desgranando y sacando a la luz algunas historias y descubrimientos relacionados con el Convento de la Hoz, a través de diferentes capítulos, dedicados a distintos archivos, museos y bibliotecas.

La obra cuenta con Prólogo de José M.ª Hernández Pascual, Presidente de la Asociación “Amigos del Convento de la Hoz”. Continúa con una Introducción histórica en la que se cuentan los grandes acontecimientos acaecidos en el Convento de la Hoz a lo largo de su historia, así como los datos básicos sobre el mismo que cualquier lector que se sumerja en la lectura de los capítulos en los que se estructura la obra debe conocer.

Uno de estos capítulos está dedicado al Museo Arqueológico Nacional, en el que se exhibe en la actualidad el Tríptico del Maestro de Santa María de la Hoz. Realizado a finales del siglo XV, permaneció en el Convento hasta 1835 en que pasó a manos privadas con la desamortización del mismo. Después de formar parte de una colección particular de París, acabó en la Galería de Arte “Caylus”, de Madrid, donde fue adquirida por el Museo Arqueológico Nacional debido a la importancia artística de la obra.

Otro capítulo es el dedicado al Archivo Histórico Nacional, en el que se encuentran los últimos libros de Gasto y de Recibo del Convento.

El Archivo Parroquial de Sebúlcor ha sido explorado por el autor en busca de información sobre el Convento, y lo encontrado en él constituye otro capítulo de esta obra, destacando la historia de la celebración de la última misa en el Convento de la Hoz, celebrada por el Obispo de Segovia en 1918, curiosamente más de 80 años después de cerrarse el Convento.

En el capítulo dedicado a la Biblioteca Pública de Segovia también se encuentran varias interesantes aportaciones, como el hallazgo del artículo publicado por El Adelantado de Segovia en 1974, a raíz de la subida por un grupo de vecinos de Cabezuela del escudo que se encuentra en la actualidad en una de sus plazas, en el que aparecen diversas fotos del momento de la subida.

También el Archivo General de Simancas tiene su capítulo en esta obra y dentro de él su mayor importancia se la lleva el documento encontrado sobre el otorgamiento de una limosna de 15.000 maravedís por parte de los Reyes Católicos al Convento de la Hoz.

En relación con los Reyes Católicos se encuentran también los capítulos dedicados al Archivo Parroquial de San Pedro de Gaíllos y Las Edades del Hombre, en Ávila, puesto que en la iglesia de San Pedro de Gaíllos se encuentra el retablo, procedente del Convento, que alberga en su interior tres tablas del siglo XV. En una de ellas se puede ver a Fernando el Católico, junto con los Reyes Magos, haciéndole ofrendas al Niño, y en otro a Isabel la Católica a los pies de una Virgen con el Niño. Ésta última fue expuesta el año pasado en Las Edades del Hombre, en Ávila.

En fin, que todas estas historias y otras muchas se podrán disfrutar próximamente en el libro “El Convento de la Hoz. Diario de una investigación”, que antes del verano verá la luz en una edición limitada y numerada y sobre el que se irá dando cumplida información en esta web.

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OTRO ALTAR RESTAURADO

Han devuelto el Altar de la Virgen del Rosario restaurado, junto con la imagen que se llevaron de Santa Ana, la Virgen y el Niño, perteneciente al Altar de San Antonio. Para que os hagáis una idea, según se entra en la iglesia y miras hacia el Altar Mayor, el primer retablo que te encuentras, a la derecha, es el de San Benito, que es el que restauraron la vez pasada.

Antes y después

Sigues avanzando y tenemos, ya pegando a las escaleras para subir al Altar Mayor, dos altares, uno a derecha y otro a izquierda junto al púlpito. Pues bien, de éste de la izquierda, que es el de San Antonio se llevaron únicamente la imagen que se encontraba en lo alto del Altar, que representa a Santa Ana, la Virgen y el Niño, y se llevaron el Altar de la derecha, que es el de la Virgen del Rosario, pero sólo el Altar sin la imagen de la Virgen. Ahora han traído las dos cosas y han dejado la imagen restaurada, que pertenece al otro Altar, en éste, me imagino que circunstancialmente, ya que la imagen original de ese Altar, la de la Virgen del Rosario la tienen por ahí, en otro sitio.

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TORIBIO Y RAMÓN, DOS ARTISTAS DE LA MADERA

En estas imágenes vemos lo que un par de manos hábiles son capaces de sacar de una materia muerta como la madera. Prácticamente una navaja y mucha paciencia son las únicas herramientas que usan Ramón y Toribio, que hace unos meses nos mostraron sus obras en la sala de exposiciones de Sebúlcor.

 

OBRAS DE RAMÓN:

 

OBRAS DE TORIBIO:

 

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EL RETABLO DE SAN BENITO, ANTES Y DESPUÉS

En estas imágenes que os mostramos a continuación se puede ver claramente como era el retablo antes de ser restaurado y como ha quedado tras los trabajos de restauración. Cada imagen está dividida en dos, una el antes y otra el después.

 

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SI NO PITA NO PASA


Fecha: 27 de julio de 1984
Negociado: Infracciones Administrativas
Asunto: Audiencia al interesado


GOBIERNO CIVIL DE SEGOVIA:
 

Por agentes de mi autoridad ha sido dada cuenta que Vd., a las 22 horas del día 22 de los corrientes, en la carretera de Sebúlcor- Sepúlveda, en compañía de otros jóvenes, con unas ramas de gran tamaño, golpeaban a los vehículos y ocupantes de los mismos que circulaban por la carretera.


Como quiera que los hechos anteriormente descritos, podrían constituir faltas gubernativas de las comprendidas en los artículos 260, 1 de la ley de Régimen local.


Es por lo que a tenor de lo dispuesto en el artículo 91 de la vigente Ley de Procedimiento Administrativo, ha tenido a bien concederle un término de diez días hábiles a partir del recibo de la presente comunicación para que en trámite de audiencia al interesado y por escrito, alegue cuanto pueda interesar a su derecho, pudiendo aportar cuantas pruebas considere pertinentes.


Dios Guarde a Vd.

La gobernadora Civil....


 

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Año de 1984..., 22 de julio, a las 22 horas, día de Sta. María Magdalena, patrona de Sebúlcor, si os dais cuenta, y sumáis los números que componen el año del suceso, 1+9+8+4 = 22, que casualidad....

Bueno, os preguntaréis, ¿cómo llegó esta carta ?. ¿Qué pasó aquel día?.

Como casi todos sabréis, en esa jornada se celebra, desde hace tiempos inmemoriales, una romería al río, al puente de Villaseca, andando (o por lo menos así se hacía antes), para festejar, con una buena comida, el santo, o la celebración del día de nuestra patrona.

Antes, y ahora también, estábamos organizados por peñas, incluso en aquel tiempo, ya existían los Modorros.

Nosotros pertenecíamos a la inmediatamente superior, en cuanto a edad, claro, y en ella estábamos enclavados personajes tan ilustres como:
Florentino de Frutos, Francisco Pastor, Luis Martín Tejedor, Fernando (el palentino), Carlos Santa Engracia, Alfredo Cuesta, Juan Martín, el que les habla. Bueno, lo que sí me acuerdo es que éramos once, (la mitad de 22), y pido disculpas por los que se me han olvidado.

Todo marchó con normalidad al principio, salimos al mediodía aproximadamente, andando, al río.

Ese día, de mucho calor, era mi primera Magdalena, ¿quién me iba a contar lo que iba a suceder después?

Pero, paso por paso, seguimos con el relato....
Como decía, llegaríamos al río mas tarde de las dos, justo para ir preparando nuestras parrillitas, que en aquella época, se hacían en el suelo.... (¡qué tiempos!).
Algunos se bañaron antes, otros se dedicaron a la comida, otros a la bebida.... otros y otras al río... Porque había que ir a las peñas de las mozas, a ver si podíamos tirar alguna al agua.

Comimos y bebimos bien, me acuerdo de alguno que iba dando tumbos en mitad de los bodones del río. Otros, averiguamos en qué zona del río (metido en el agua y atado a una rama de un árbol) tenían escondido un bidón de cinco litros de calimocho los Modorros en el río, y dimos buena cuenta de él... Así paso, luego nos pedían ellos cuentas a nosotros.

En definitiva, entre risas, calimocho, chuletas, río y otros avatares, pasó la tarde.

Lamento no poder contar muchos mas detalles de la comida de aquel día, porque lo que pasó después fue lo que más nos absorbió la atención en esa jornada.

Así pues, llegó la hora de la retirada, evidentemente, también andando; medio cansados, medio bebidos, pero muy satisfechos de aquel día.
Sería más tarde de las nueve cuando ya iniciamos el camino, primero nosotros, y detrás, como a medio kilómetro, los Modorros.

Ya por la zona del río san Juan, pero sin salir del cañón, se nos ocurrió la feliz idea de coger unas ramas de chopo, que abundaban y abundan en la margen derecha de la carretera, dirección Sebúlcor, para saludar amistosamente a todos los vehículos que regresaban del río por dicha carretera.

El juego era simple: nos colocábamos, como fieles escuderos, a ambos lados de la carretera, provistos de nuestras ramas cada vez que se aproximaba un vehículo, y simplemente con el hecho de que pitara, le dejábamos seguir su camino.

¿Qué como sabían los conductores que tenían que pitar?
Pues porque se lo decíamos, con un gracioso estribillo: “ Si no pitas no pasas, Si no pitas no pasas” y....

Pitaban y no pasaba nada, es decir, pasaban y continuaban su camino.

Los Modorros ya les recibían antes que nosotros, lógicamente, se les encontraban primero, y ya los conductores sabían de qué iba la historia.

Los coches se acercaban, paraban, pitaban y continuaban, todo normal y divertido.
Así se nos hacía más corto y llevadero el camino de regreso, que ya nos pesaba por el cansancio acumulado en la jornada, y paso a paso, claxon a claxon, nos aproximábamos a Sebúlcor.

Ya estábamos en Negruela, cuando se nos acercaron mas coches, todo normal: nos apartábamos a ambos márgenes de la carretera e iniciábamos el ritual de paso de vehículos, pero....
Hete aquí que uno de los coches que se acercaba a nosotros, no sabemos exactamente por qué (esto nos quedará siempre en duda) no quiso parar, no estaba predispuesto a pasar de nuevo por el ritual al que posiblemente le habían sometido antes nuestros compañeros Modorros.
A nosotros tampoco nos pareció bien que no quisiera pitar, por lo que cuando llegó a nuestra altura, siempre sin detenerse (ni pitar, claro), le acercamos las ramas al vehículo y posiblemente, alguna ramita entrara o rozara a alguno de los ocupantes de dicho coche, puesto que llevaba las ventanillas abiertas.

Por ese motivo, imagino, el vehículo en cuestión frenó en seco, para recriminarnos, regañarnos o yo qué sé, y, justamente, el que venía inmediatamente por detrás, le alcanzó, produciéndose un pequeño accidente, que aparte del ruido, solo ocasionó la rotura de un piloto trasero del coche que venía primero.

Ay dios mío, ¿que hacemos nosotros ahora? nos preguntamos.

Pues no se nos ocurrió otra que correr, dirección puente de Villaseca y trepar por las piedras que estaban al lado de la carretera... ¡¡¡qué forma de correr!!! Parecían los Sanfermines, y que manera de subir por las piedras los once tíos.

Yo estuve en la zona del hecho tiempo mas adelante y aun en la actualidad cuando me acerco algún día andando o en bici y miro por donde trepamos digo... ¡¡¡¡dios mío, pero como pude subir yo por ahí.......!!!!

Bueno, seguimos...., en esto que los conductores de los vehículos implicados en el suceso, que a la postre eran familia, viendo que no podían hacer nada y debido al atasco que se estaba originando, decidieron continuar.

Nosotros, viendo todo desde las peñas, ya a lo alto del todo, como si nos hubiera perseguido un lobo.

Al rato, y viendo que se reanudaba la circulación, decidimos bajar, con mucho sigilo y cuidado, claro.

Aquí empezaban los problemas entre nosotros, ¿qué hacemos?, ¿vamos al pueblo?, ¿vamos por los campos ?........

Al final decidimos seguir por la carretera, discutiendo entre nosotros pero acercándonos a Sebúlcor.
Se hacía de noche, se acercaban las 22 horas,,, y cuando estábamos mas allá de las eras del barrio, mas o menos por la zona conocida como los pinos del tío Rosca, decidimos otra vez emprender el debate sobre qué hacer y como íbamos a solucionar nuestro pecado, pensábamos: ¿se darán cuenta en Sebúlcor?, ¿nos echarán en falta?, ¿estará esperándonos la guardia civil a la entrada del pueblo?. ¿Qué nos dirán nuestros padres, familiares o vecinos?

La cosa se ponía cruda, y cada uno de nosotros aportaba una idea para poder llegar a Sebúlcor sin consecuencias, hubo una mente iluminada que incluso dijo que nos íbamos a Molinilla a apagar los automáticos de la luz y así, poder entrar a oscuras a Sebúlcor.
Otros decían continuar, otros (entre los que me incluyo) queríamos llegar a Sebúlcor por los pinares, pero abandonar la carretera, otros por el camino de la Matilla.

En esto que pasaban los minutos y los coches y no hacíamos nada, discutir y continuar, y.....
En ese momento, vemos venir dos luces en dirección contraria a la nuestra, correspondientes a dos coches que se acercaban, ya les veíamos venir desde la salida de Sebúlcor y, ¿¿¿¿que hacemos nosotros, nos escondemos, nos echamos a las tierras, nos metemos al pinar????, pues al final, como tontos, nada, y mira que nos habría dado tiempo.

Los coches se acercaron a nosotros y pararon a nuestra altura, nosotros paralizados por el miedo.
Esos coches eran, un 4-L de la Guardia Civil, con cabo y sargento incluido, y el otro, uno de los vehículos implicados en el suceso (posiblemente un Seat 124 rojo).

Sale el cabo de la Benemérita del 4-L con la metralleta en la mano, nosotros acojonados en la cuneta, sale el conductor del 124, gritando, ¡ese, ese, ese ha sido!
Ese no era otro que Fernando el palentino, que el pobre hombre, por llevar una camiseta naranja, fue el más fácil de identificar para todos.

El sargento pidió calma y requirió a unos cuantos de nosotros para ir al cuartelillo. Claro, ni dios quería ir - somos menores de edad, dijimos,

- ¿ Sois alguno menor de 16 años ? - preguntó el cabo, a lo que nosotros dijimos que no, que éramos todos mayores

- entonces, os podéis venir todos, ya que la mayoría de edad penal es 16

Hala...
Quién iba y quien no ¿¿?? (todos, si mal no recuerdo, estábamos con 16, 17 o a punto de cumplir los 18).

Todos haciéndonos los remolones, aunque algunos no se salvaron como Fernando, Alfredo.....
En definitiva, se llevaron a cinco de los nuestros claro, no había más capacidad en los coches.

Ya se fueron los vehículos, con la carga, y el resto al pueblo andando, entre discusiones y quejares.

La entrada al pueblo de los que quedaron, fue espectacular.
Nada mas entrar, a la altura del bar Gregoris, ya se sabía que algo había pasado.

- ¿que ha pasado? - inquirían los vecinos
- nada, no ha pasado nada
- cómo que no ha pasado nada, acaba de bajar el coche de la Guardia Civil y ha vuelto con alguno de vosotros, y son las once de la noche, y vosotros, solos.
- Nada, que hemos tenido un lío pequeño, que dos coches se han dado un golpe y nos echan la culpa.

El revuelo era fenomenal, todo el pueblo en la calle, los bares atestados....
Los padres de los implicados, queriendo ir al cuartelillo, los que quedaron en el pueblo, sin ir a casa, sentados en los poyetes del ayuntamiento.

Mientras tanto, los que estaban en el cuartelillo, pues de cachondeo casi, bebiendo agua de la manguera de riego de los rosales, en fin...

Al fin, y al cabo del tiempo, regresaron los ‘detenidos’ con los agentes de la benemérita, que a su vez vinieron pidiendo papeles y documentación de cada uno.

El pueblo, bastante cabreado con los civiles, invitándoles a que se fueran del pueblo, en fin, un lío fundamental.

A la postre y con la documentación de muchos de nosotros en la mano y después de tomarnos nota, se marcharon al cuartel.

A nosotros, no se nos acababa el lío, ahora a dar explicaciones a los vecinos, era, el tema en el pueblo, ya cuando estábamos todos juntos pues a hablar del tema, pero.... no estábamos todos ¡!!!!! Faltaba una persona...

¿¿Que ha pasado?? ¿¿dónde está.....??

Total, a buscarle por el pueblo, por las casas, por el lavadero, por el campo de fútbol, la fuente.....

Al final, no le encontramos, bueno, sí, nos dijeron que se dio una vuelta y luego regresó a casa.
Y todos a cada una de las nuestras...

Eso fue todo.

Así paso el tiempo, con el tema en el pueblo para muuuchos días hasta que el día 27, recibimos la notificación que encabeza este relato, a la que hicimos alegaciones y al final, recibimos otra, ya entrado el mes de agosto, que transcribo brevemente:

....” vistas las circunstancias concurrentes en los hechos......... he resuelto sobreseer el expediente de referencia sin dar lugar a sanción económica de ningún tipo.

No obstante, este Gobierno Civil quiere hacer llegar a los expedientados el convencimiento y la idea de la necesidad de que en lo sucesivo esmeren su comportamiento cívico-social, manteniéndose alejados de todo tipo de incidentes y conductas que pudieran dar lugar a hechos de naturaleza similar a los denunciados.



La Gobernadora Civil

 

Bueno, y así se acabo la cosa.

De lo que sí estoy seguro es que no volvimos a coger ramos para ir diciendo a la gente ‘si no pitas no pasas’ en la carretera.

También estoy seguro, de que no ha habido una fiesta-romería de la Magdalena, tan sonora (me refiero al claxon de los coches, claro).


Muchas Gracias por vuestra atención.
Un saludo y felices fiestas para todos.


Santi


Notas Aclaratorias.

Los personajes y nombres incluidos en la historia, son reales.
Me he permitido incluirlos sin su consentimiento, porque es una historia real, con fallos en mi memoria, pero que se puede conocer en cualquier momento y preguntando a cualquiera de los implicados y familiares.
No obstante, si alguna persona se siente perjudicada al aparecer su nombre en este relato, pido disculpas y reitero que no ha sido con el ánimo de acusar ni descubrir nada que pueda perjudicar a cualquiera.
Aun así, he tratado de generalizar, sin decir que persona ha hecho esto, o que persona ha hecho lo otro, sino que he hablado siempre como conjunto.


De esto, hace años, y cualquier detalle que alguien pueda aportar, será bienvenido, así como cualquier aclaración.
 

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LA PILA BAUTISMAL

Miguel Torrens, de BAPTISTERIA SACRA (www.library.utoronto.ca/bsi) nos comenta lo siguiente sobre nuestra pila bautismal:

Sin tener acceso a la iglesia misma ni haber estudiado a fondo las pilas de la región -aunque tenemos bastantes de esa zona- te podría dar algunas generalidades.

La pila es característica, en su diseño general, de las pilas del románico peninsular: es grande, hemisférica de copa y trabajada con gruesos gallones, todo ello típico y normal en pilas de esta época, seguramente siglos XII o XIII, mas bien hacia el XIII sin saber mas detalles de su derredor.

En este tipo de pila hay unas muy funcionales, sencillas y practicas, hechas seguramente por un cantero local, según un modelo generalmente usado en la zona. La de Sebúlcor es mas refinada. El zig-zag superior es normal; los gallones de dos tamaños, los gruesos y los mas finos que terminan en las cabezas señalan ya un trabajo mas ornamental y por lo tanto mas caro; las cabezas son un detalle mas que indica que en esta pila se gasto dinero, y el hecho de que las caras sean todas diferentes, femeninas (con tocado) y masculinas con características fisonómicas identificables individualmente, supone la intervención de un artista mas hábil que un simple cantero y un coste de la pila mayor.

 



Ayudaría conocer detalles de la iglesia: ¿esta fechada?, porque lo mas probable es que la pila sea de la iglesia original, o por lo menos de la románica, si hubo otra anterior. Ayudaría también visitar y conocer las pilas de la zona cercana a Sebúlcor. ¿Las conocéis? ¿Como son? A menudo un taller produciría un número de pilas para la región en una época determinada, así que es posible que haya otras que, aunque no sean iguales, denoten una mano común.

(....)El hecho de que haya 12 caras, y bien diferentes, es notable.

 

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"LA MATANZA" TRADICIONAL EN SEBÚLCOR

En primer lugar nos reunimos para dirigirnos a por el animal, lo normal es que se encuentre un poco alejado de la casa, bien en una pequeña granja familiar o en alguna casa vieja del pueblo que ahora se utilice para estos  menesteres, una vez allí se entra en las cortes, que es la vivienda del animal se le coge o bien con un gancho de la papada y o con un lazo atado al morro, metiendo una lazada en la boca del animal de tal forma que parte del lazo quede sujeto en la mandíbula superior cerrando el circulo por la parte alta del morro, una vez realizada esta operación solo habrá que sujetar el gancho o la lazada con firmeza para controlar al animal y sacarle hacia el exterior de la cuadra o pocilga.

Una vez fuera se le puede pesar en vivo al animal en la romana, operación esta algo compleja, a la resistencia del pobre bicho hay que sumarle mas de 150 kilos por norma general, que tienen que quedar suspendidos en el aire colgados de la romana. Si  no se le pesa una de dos o se le lleva a casa vivo donde se le mata o se le mata en el lugar y se le lleva muerto.

Para darle muerte, como norma general  se le sube al banco empleado para la matanza, cuidando de que no apoye las patas en el mismo,  se le coloca de costado, se le atan las patas delanteras con las traseras entrelazándolas con una cuerda, a fin de inmovilizarle mejor entre el mayor numero de gente posible 3 o 4 personas, una de ellas permanece con el gancho clavado en la papada o el lazo a fin de que no mueva la cabeza y que el encargado de clavarle el cuchillo tenga mas facilidad para darle una cuchillada certera, a fin de que salga la sangre con rapidez y el animal sufra lo menos posible, el cuchillo se suele clavar en la llamada arca que se localiza en la parte alta del esternón, o en el cuello buscando la arteria principal, pero evitando en el primer supuesto darle en el corazón ya que este dejaría de latir y se le quedaría mucha sangre dentro,  interesa que el corazón funcione para que  bombee la sangre al exterior, todo esto es como debería suceder, pero una cosa es la teoría y otra es la practica y a veces no hay suerte y el proceso se complica o se alarga en demasía, de lo que siempre e oído en el pueblo es sobre lo bien que mataba el Tío Cándido, también  he podido comprobar que son buenos con el cuchillo  Miguel, Teodoro, Alejandro, José y Rufino.

 Una  vez clavado el cuchillo una mujer recoge en un barreño la sangre que  mana del animal sin parar de darle vueltas, para que no se coagule, con  parte de esta sangre cocida, se prepara  el almuerzo y   por la tarde se  elaboraran las morcillas, fundamental recoger sangre suficiente para poder hacer estas morcillas.

 Muerto  el animal se le baja del banco y se le cubre con paja para socarrarle los pelos, primero la parte de la espalda y luego posteriormente dándole la vuelta la parte de la barriga. Este momento se aprovecha para tomar un poquito de orujo o anís y unas pastas o magdalenas vigilando en todo momento la evolución de las llamas para que no queden pelos y evitar que el
calor afecte demasiado a las partes mas delicadas que son los jamones. Tras este paso se procede a raspar toda la superficie del marrano con unos trozos de teja para quitar las partes quemadas a la vez que se le va echando agua. Una vez limpio se sube al banco panza arriba donde se le abre mediante 2 cortes desde la papada hasta el final del animal mas o menos paralelos distantes entre si un poco mas de una cuarta en el centro aproximadamente, juntándose estos cortes al principio y al final, sacando una tira a la que se le llama alma . Después de este paso se le cuelga al animal de una viga o machón boca a abajo, y aprovechando el hueco practicado y la gravedad se le sacan las tripas y demás órganos, anudando con un hilo por una parte la traquea y por otra la parte final del intestino para evitar que se salga el contenido.

 Se da cuenta de la matanza al veterinario, el cual pasara por casa y recogerá muestras del mismo, las cuales serán analizadas para comerlo con todas las garantías.

 El animal quedará colgado hasta el día siguiente para que escurra y para que el frío entiese la carne, pasando a almorzar platos típicos de la matanza como es la sangre del animal cocida encebollada y con un poquito de pimentón, aceite y vinagre al gusto, chorizo, jamón, lomo y queso.

 A todo esto la labor mas dura generalmente como casi siempre esta empezando a ser realizada por las mujeres consistente esta en la limpieza de las tripas para por la tarde la elaborar  las morcillas, para las cuales con anterioridad han estado pelando y picando cebollas. Por la noche reunidos a la lumbre de la cocina matancera se tiene por costumbre cenar las morcillas, que para que este curiosa ha de estar sosa y "picosa",  las sopillas con el calducho que es el caldo con ingredientes donde se han cocido las morcillas, así como el hígado del marrano empanado y o encebollado con tomate y algún torreznillo. Después de esta cena reunidos en la mesa, se cuentan historias, muchas heredadas de nuestros mayores, de costumbres, de gentes de antes, de lo dura que era la vida y casi siempre de alguna historia misteriosa acaecida en el pueblo, no hace falta recordar que somos el pueblo de los brujos, es como si el ambiente fuera propicio para este tipo de historias, un tanto tenebrosas en estas noches frías de invierno, la verdad es que se crea un ambiente en el cual ni se parpadea para no perder detalle. Posteriormente y para relajar el tema se suele echar una partidilla a las cartas con unas copillas a fin de que tanta cena se vaya digiriendo ya que como os he contado son todo cosas muy “Light”.

 Al día siguiente se procede a "estazar", trocear y clasificar las partes del cerdo, se le sacan las costillas, los lomos, los solomillos, los jamones, las paletillas, la panceta, la careta etc., etc. se separan las partes magras de los tocinos, unas partes se emplearan para picarlas y elaborar chorizo y "butragueña", las mazas de magras y los huesos se guardaran en congelador o se adobaran como antiguamente se hacia cuando no había congeladores consistente en poner las partes a conservar a macerar en un adobo con agua, sal, pimentón y orégano. En este segundo día, si el veterinario no ha comunicado nada anómalo en los análisis, se almuerzan partes magras y sabrosas, asadas a la parrilla regadas con buen vino mientras se cuentan anécdotas de otras matanzas anteriores y alguna historia interesante o graciosa, como la que recientemente nos contó en casa de Esther y Rufino, Justo el hijo del burro pardo de Cabezuela. ( Ya la contare ahora no me quiero enrollar).

 Por otro lado se pica la carne para elaborar los chorizos, se pesa para añadir correctamente los ingredientes y en un barreño grande de barro se le añade la sal el pimentón y el orégano mezclándolo con el picadillo, una vez realizada con las manos esta mezcla y finalizada, se le hace con un cuchillo una cruz de lado a lado del barreño, santiguándose los presentes y diciendo Olegario que lo aprendió de su abuela Máxima: " tantas chichas hay en este barreño tantas animas se salven del purgatorio ".

Por la tarde se fríen los chicharrones y se hace la manteca entre otras muchas cosas por que ya os digo esto tiene mucha tarea y no acaba aquí, hay que hacer los chorizos, ponerlos a secar etc., etc., etc.

Se me olvidaran cosas y detalles, así como explicar otras formas de matar que se realizan en el pueblo, pero por regla general a partir del marrano muerto todo mas o menos es igual. Desde aquí os digo que siempre hay que tratar que el animal sufra lo menos posible y si hay posibilidad poner en practica el aturdimiento del animal antes del sacrificio. Directiva del Consejo de la Unión Europea 74/577/CEE de 1974 sobre aturdimiento antes del sacrificio.

Un saludo, Chema.

 

FOTOS: Raúl García "El Korta"

 

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EL BRINDIS DE LAS PACAS (San Miguel 2003)

Nuestra regadera alzamos
inaugurando la fiesta
esperando que este vino
no se nos suba a la testa

Brindamos por San Miguel, por Las Pacas,
por las peñas... por Los Ceñiglos también.

Que en las fiestas que comienzan,
la alegría nos invada
que brindemos como locos
hasta que no quede nada

Regamos esta margarita
que si está muerta resucita
albergando la ilusión
que nos reporte un jamón.

Con este brindis casero
Las Pacas nos despedimos
deseando buenas fiestas
a todos nuestros vecinos.

 

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El PREGÓN DE LAS FIESTAS DE LA MAGDALENA 2003


Sebúlcor, 18 de Julio de 2003
 
¡¡Buenas noches a todos los brujos y brujas, y a todos los aprendices!! 
Lo primero agradecer a la Comisión de Festejos este honor que me ha otorgado de ser el pregonero de las fiestas de Santa María Magdalena y lo segundo deciros que no me he visto en otra igual en mi vida, y que según iba escribiendo este pregón he intentado contener los nervios, ¡¡que no son pocos!!
Mi familia vino por primera vez a Sebúlcor en Mayo de 1972, a pasar un fin de semana, pero ........ ¿Qué tendrá este pueblo que ya nunca nos fuimos? Nos hicimos o nos hicisteis de Sebúlcor.

Tal vez su maravilloso entorno que hace justo ahora catorce años fue distinguido como parque natural. El que no disfrute paseando por la Calleja, Molinilla o Cueva Rota es que no ama la Naturaleza. Y que decir del Convento, allá abajo, encajado junto al río en el fondo del cañón. Cuando en él se guardaba la imagen de Nuestra Señora de los Angeles de la Hoz fue el centro de peregrinación más importante de nuestra provincia. Hasta él se desplazó en numerosas ocasiones La Católica Isabel en busca de recogimiento y para rezar a la Virgen.
Pero sin duda el poso cultural que aquí dejaron las distintas civilizaciones que con el transcurrir de los siglos fueron habitando nuestro pueblo, celtas, romanos visigodos y árabes, ha sido lo que ha forjado vuestra mayor riqueza, vuestro tesoro, el carácter abierto y amigable de las gentes de Sebúlcor. Aquí todo el que viene es bien recibido y enseguida pasa a ser uno más.
Hace unos días oí decir un refrán a Fernando “cacharrero” decía así: 

Buena plaza,
buena fuente,
pero su gente........  

Bueno, pues aquí la plaza no esta mal, del agua mejor no hablamos, pero la gente, ¡¡Ay la gente!!
Nunca podré olvidar como casi recién llegado y sin poder andar, algunos de vosotros me llevabais a cuestas o en una carretilla a todos los lugares a los que se dirigían nuestros juegos, nunca me sentí solo.
Pensar en mi niñez es pensar en Sebúlcor, ¿Quién no se acuerda de los veranos jugando a las covachas? ¿De la perrera en el frontón? ¿Del juego de valer y a perros o del rescate? ¿De bajar en bici todos los domingos al río? ¿Cómo olvidar las historias que contaban por la noche, sentados al fresco, mis vecinos de la Fragua y más tarde el señor Justo y su familia? ¿O ya mas mayor, cuando íbamos a pescar cangrejos al San Juan? ¿De recorrer los pueblos jugando al fútbol con el equipo de “los Melopeas”? ¿O de ir con “El Negro” a por las chicas de Cantalejo?

Mis primeros recuerdos de las fiestas de la Magdalena me traen el olor de las ramas de chopo con que adornábamos los carros para bajar hasta Casablanca, y el olor de las parrillas y la sensación de la ropa mojada después de tirarnos al río los unos a los otros. Por aquellos tiempos así era como se celebraba esta fiesta, sin orquesta, ni pelota, sin juegos ni competiciones, aunque, según dicen vuestros mayores, hubo una época, cuando ellos eran jóvenes, en que las fiestas de la Magdalena tenían casi el mismo esplendor que hoy en dia.
Vosotros me enseñasteis lo que es ir de fiestas, a visitar las peñas, los bailes de las plazas, aunque estos, por desgracia, nunca fueron lo mío.
Los brujos, como se nos conoce en la comarca, tenemos fama de buenos bebedores, de saber ir de fiesta, pero a la vez de buena gente, gente trabajadora, que ha sabido adaptarse a lo que traían los tiempos. Habéis sido agricultores, ganaderos, resineros, algunos recorristeis España vendiendo trillos o cacharros, después llegaron las granjas de marranos y ahora el turismo. Habéis sabido aceptar los tiempos que os ha tocado vivir y habéis sabido tirar del pueblo para adelante. Hoy en dia, tal y como van las cosas, da gusto ojear las estadísticas sobre el crecimiento de los pueblos, no ya solo de Castilla y León, sino de España, y ver que Sebúlcor es uno de los pocos que en los últimos años ha crecido. Y es gracias a ese espíritu vuestro de superación y abierto, de hacer amigos, que hace que los forasteros se sientan como en casa.
Ahora, hace poco mas de un año, que se me ocurrió la manera de devolver a este pueblo parte de lo mucho que me había dado, de hacer que no solo seamos conocidos en nuestra región y en España, sino en el mundo entero y con mas ilusión y ganas que conocimientos ideé “La Web de Sebúlcor”, con la ayuda de Arancha, mi mujer, y de Carlos y Chema, a quienes todos conocéis. Poco a poco muchos de vosotros también vais aportando fotografías, textos, ideas........, y espero que se convierta de verdad en la web de Sebúlcor, en la que todos participéis. Ahora podemos decir que nuestros pinares los conocen en Bolivia, que desde Suecia han entrado en la peña de “los Modorros” y que han visto como jugamos al frontenis o como celebramos nuestras fiestas en más de cuarenta piases.
Y como de eso se trata, de dar paso a la FIESTA, llego al final de este pregón sabiendo que disfrutareis de estas como solo vosotros sabéis hacerlo.
Por eso digo: 

¡¡Vivan los raspaos y los botellines!! 
¡¡Vivan las Fiestas de la Magdalena!! 
¡¡Viva Sebúlcor!!


    
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