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En esta página:
La resina en
Sebúlcor----La instalación de iluminación en la pista polideportiva de Sebúlcor----"El Convento de la Hoz. Diario de una investigación"----Otro altar
restaurado----Toribio
y Ramón, dos artistas de la madera----El Retablo de San Benito, antes y después----Si no pita no
pasa----La pila Bautismal----La Matanza tradicional----El Brindis de las Pacas----El
Pregón de la Magdalena 2003----
Los
Brujos
LA
RESINA EN SEBÚLCOR
Texto escrito por Miguel Arranz y
publicado inicialmente en la revista de la Asociación de
Amigos del Convento de la Hoz.
Corría la última década del siglo XIX. El
Ayuntamiento de Sebúlcor era y es, propietario de un monte poblado de pino
negral o resinero, con una superficie global de más de 600 hectáreas, que en
el transcurso de los cien años anteriores había surgido y prosperado
lentamente sobre el inmenso arenal que cubría todo el sector nor-occidental
del término municipal.
En la provincia de Segovia y en sus pueblos más occidentales de la masa de
pinos resineros, en la década anterior a la mencionada al principio, fue
donde se hicieron los primeros ensayos de la obtención, mejor dicho
extracción de la resina del pino negral y por ende, donde se formaron los
primeros resineros, que una vez aprendido el oficio en su forma más
rudimentaria, pues a mis oídos ha llegado que extraían la resina en sus
principios a base de herir al pino con un hacha pica, que nada tenía que
ver, aunque fuera muy bien afilada con la herramienta llamada azuela o
escoda que ya he descrito en el artículo anterior “El oficio de resinero”,
pues al igual que si te das un corte en tu propia piel, con una navaja de
corte áspero y llena de mellas, tus vasos sanguíneos de desgarrarán y la
sangre fluirá mal e irregular, en cambio si la navaja tiene el corte
uniforme en suavidad y finura la sangre fluirá espontánea y limpia, de la
misma manera el pino, que es un ser vivo, reaccionará en hacer fluir su
resina idénticamente, por lo que, he aquí la importancia que tenía el
forjado en su forma especial y única y el temple y afilado en su corte, de
hacerlo todo con el máximo esmero en la dichosa herramienta, que a los
propios resineros nos traía de cabeza en ocasiones, bien porque su forma no
era la correcta y decíamos que no caía bien al pino, o su temple y afilado
no era el adecuado por defecto o por exceso, doblándose o saltándose su
delicado corte.
Una vez que por la zona de la masa occidental forestal segoviana los
resineros se iban formando como tales y aumentando su número, como siempre
ocurre ante algo nuevo que aparece, surgen los primeros pioneros del oficio,
o nueva forma de ganarse la vida, y así fue, como un señor de Navas de Oro,
llamado Celestino Capa, que ya sabía el oficio, formado matrimonio con una
vecina de Coca llamada Ignacia, amén de dos hijos ya nacidos, haría su
exploración de pinares vírgenes, pareciéndolos esta zona norte de la masa
resinera provincial, situada en parte en nuestro término municipal, lo
suficientemente idónea para su explotación resinera, por lo que, una vez
hechos los contratos verbales o escritos con las autoridades locales
competentes en aquel momento, se establecieron en Sebúlcor como empresa
contratadora y explotadora de su pinar resinero, hay que hacer constar, que
este señor trajo sus obreros correspondientes que bajo el mando y dirección
del Sr. Celestino Capa fueron los primeros resineros que hubo en Sebúlcor en
las postrimerías del siglo diecinueve y principios del veinte.
Esta familia pionera de la resina en Sebúlcor tuvo otro hijo nacido aquí,
llamado Claudio cuya edad iba pareja con los años del siglo veinte, y que al
contrario que sus hermanos, uno militar y otro guardia civil, el sí que se
hizo resinero, formando aquí su familia, casándose con Anita Gómez y de cuyo
matrimonio tuvieron cinco hijas y un hijo.
El tío Capa como familiar y amigablemente le llamábamos, hizo toda su vida
laboral trabajando de resinero en el monte de propiedad del Ayuntamiento,
jubilándose por su edad reglamentaria en 1965, haciendo honor a su padre,
que fue el primer resinero que hubo en Sebúlcor.
A medida que el tiempo avanzaba, los primeros resineros naturales de
Sebúlcor, aprendieron el oficio a cargo del Sr. Celestino, como Mariano
Martín (tío marianete) junto con sus tres o cuatro hijos varones, fueron los
primeros vecinos de Sebúlcor que trabajaron el oficio de resinero.
De la misma manera, varias familias completas de la zona del Carracillo
Segoviano, como S. Boal, S. Martín y Mudrian y Sanchonuño, ante las buenas
perspectivas de trabajo en la producción resinera que había en Sebúlcor,
pues además del pinar del Ayuntamiento, estaba el pinar del Barrio y las
fincas particulares que rodeaban toda la masa forestal de los montes antes
mencionados, pues a medida que transcurrían los años dejaban de labrarse
para la agricultura, para convertirlas en pinares resinables y como quería
decir de S. Boal vino la familia Tejedor Aragón, compuesta por el padre y
siete hijos, cuatro varones y tres mujeres; de S. Martín y Mudrian vino la
familia Matesanz Herranz compuesta por el padre tres hijas y un cuñado y la
familia Pinilla Torquemada compuesta por el matrimonio y alguno de los
hijos, otros nacerían aquí y de Sanchonuño vino la familia Pascual Nevado,
que la componían, la madre ya viuda y cinco hijos, cuatro varones y una
mujer.
Todas estas familias a medida que el tiempo transcurría, se fueron
mezclando, por medio del matrimonio con otras propias de aquí y aunque la
verdad era que si bien, no todos sus descendientes se dedicaron a la resina,
sí su mayoría, pues ya entre los años 1930-1940, entre todos los que
vinieron de fuera y los que aprendieron el oficio de aquí, el cartel de
resineros en Sebúlcor rebasaba ya las posibilidades de puestos de trabajo
que sus montes podían generar, por lo que, si Sebúlcor a principios del
siglo veinte recibió emigración resinera, en las décadas antes mencionadas,
sobre todo en la de 1930, creo emigración resinera, tanto dentro de la
provincia de Segovia en su zona de Cuellar, como a otras provincias Burgos y
Soria, donde varias familias resineras de aquí tuvieron que marchar allá.
Ya en la década de 1950, se produjo el gran auge de la industria resinera,
pues aparte de los montes propios del Ayuntamiento y comunidades que
normalmente se venían resinado, se abrieron a su explotación resinera en
todos los pueblos de la comarca, pero sobre todo en Cantalejo y
Fuenterrebollo, donde en cada uno de los pueblos pasaban de los cien mil,
todos pinos particulares, y ante estas posibilidades de trabajo, en
Sebúlcor, varias familias, podíamos decir numerosas, se consolidaron como
verdaderos profesionales del oficio de resinero y considero que es bueno
mencionarlas para la posteridad y así poder saber de qué y cómo vivieron
nuestros ancestros en la época dorada de la resina. No haría bien, si
también no dijera que todas las familias que ahora mencionaré, en mayor o
menor grado, descienden de las familias pioneras de la resina en nuestro
querido pueblo mencionadas al principio.
Por un lado teníamos la familia de Anastasio Martín, casado con Evarista
Pastor, que tuvieron diez hijos, siete varones y tres mujeres; otra familia
la de Justo Tejedor, unido en matrimonio con Juana Blasco con ocho hijos,
seis varones y dos mujeres; la tercera familia la componían Félix Gregoris y
Rita Matesanz, con ocho hijos, cuatro de cada; la cuarta familia era la de
Lucio Pascual y Gabriela González, con cinco hijos, tres varones y dos
mujeres; así mismo la quinta familia la formaban el matrimonio de Galo
Martín y Valentina Casado, con sus cinco hijos, cuatro varones y una mujer;
ya más joven pero no menos numerosa era la familia de Isaac Pinilla y
Paulina Rodríguez, con seis hijos todos varones; dos hermanos de Isaac,
Pablo y Benjamín, también trabajaban juntos, y ya consideradas las familias
resineras menos numerosas estaban la de Mariano Tejedor e Irene Rodríguez
con dos vástagos, chico y chica; Juan Pascual y Mariana Arranz con dos hijos
y dos hijas; más tarde nos incorporamos al oficio, nuevos resineros como mi
hermano Jesús y yo, que en los años sesenta también formábamos otras nuevas
familias de resineros; también hubo algún resinero que no formó familia,
como mi tío Mariano Gregoris. Al igual que nosotros, muchos de los hijos de
las familias anteriores también formaron su propia familia en dicha década.
Es posible que alguien se me quede en el tintero, pero lo cierto es que en
algún momento dado, sobre todo desde 1960 hasta 1975, todas las familias
mencionadas nos dedicábamos al oficio de resinero, trabajando además de los
montes de nuestro término municipal, también en Cantalejo, Aldeonsancho,
Valdesimonte, y Fuenterrebollo, los hombres permanentemente en la extracción
de la resina y las mujeres en su recogida cada veinte días aproximadamente.
Se puede decir que en aquellos años, la cuarta parte de los habitantes que
tenia Sebúlcor estaban implicados con el oficio de resinero, aunque a medida
que los años transcurrían y la gente joven se iban haciendo hombres y
mujeres hechos y derechos, algunos tomaban otros derroteros en su vida; pues
ocurría, que en las grandes urbes, a medida que España se iba
industrializando, demandaban trabajadores que en el medio rural sobraban,
debido, primero a su gran multiplicación demográfica de la posguerra civil y
segundo a la mecanización que la agricultura hacia la industria, por lo que
a partir de ahí las grandes familias de resineros de Sebúlcor se fueron
diluyendo hacia otras actividades, bien en el pueblo, aunque las menos, bien
en las grandes ciudades las más.
A nivel del municipio como tal, los ingresos por la explotación resinera y
maderera de su monte propio en aquellos años era más que importante,
podríamos decir que fabulosa, por lo que todos los ayuntamientos
propietarios de montes resinables, funcionaban económicamente bien, ya que
del valor total anual de sus producciones, el 90 % primero y el 85 %
después, podían disponer y de hecho disponían para cubrir holgadamente sus
presupuestos de obras y servicios, por lo que, la resina no solo servía para
dar trabajo a los resineros, si no que además beneficiaba a todo el pueblo
en general y muy particularmente en Sebúlcor, donde se realizaban todas las
obras de red de distribución de agua, alcantarillado, pavimentación de
calles, alumbrado público, con bastante antelación a otros pueblos, así
mismo el ayuntamiento facilitaba jornales a otros obreros del pueblo en
arreglo de caminos, limpieza de arroyos, construcción de viviendas para
funcionarios públicos, frontón municipal, salón de baile, patrocinio de
todas las fiestas locales y un sin fin de gastos que el mantenimiento del
municipio conlleva como tal, sin tener que pagar los vecinos ni un duro como
se solía decir.
Como anécdota curiosa e importante socialmente, antes de que la Seguridad
Social se estableciera y pagara a los médicos, el sistema de pago a estos
era por igualas o cuotas a pagar por vecinos o familias, el que podía y
quería se igualaba anualmente por una cuota determinada y el médico prestaba
los servicios facultativos necesarios a cada cliente y el que no quería, o
no podía pagar la iguala, cuando necesitara los servicios del médico era muy
libre este de cobrarle lo que quisiera o pudiera; ante un problema tan
importante como este, el Ayuntamiento de Sebúlcor durante bastantes años
estuvo pagando, a veces la totalidad, a veces en parte, todo el montante de
las mentadas igualas de los vecinos con el médico titular, justificándolas
ante las autoridades de la Administración Local, por medio de trabajos
personales o hacenderas, hasta que esta medida fue totalmente prohibida por
ilegal.
Hasta aquí he tratado de dar cuenta de lo que los ayuntamientos podían hacer
y hacían con sus ingresos por la resina y también, aunque menos, por la
madera y ahora os preguntaréis ¿qué pasaba con el 10% en principio y el 15%
después del total del valor de estos productos? Trataré de explicarlo por
que también tenía su importancia para la gente del pueblo.
Dentro del Ministerio de Agricultura existía un organismo llamado entonces
Distrito Forestal, en nuestro caso de Segovia, que era el encargado de
llevar y administrar toda la parte técnica de los montes propiedad de los
ayuntamientos y comunidades, como podían ser, ordenación de los mismos, con
sus nombres y números, distribución en cuarteles, tramos y tranzones, por
medio de cortafuegos cuya anchura y longitud variaban de más a menos según
su mención, cada ciertos años se contaba cada monte, pino por pino con su
altura y diámetro para estudiar su evolución periódica, organizaba las
subastas de resinas y cortas que cada año se realizarían en cada monte,
ordenaba las labores de limpieza anual de cortafuegos, entresacas de pinos
jóvenes o pimpollos, limpieza de matorrales, poda de pinos, etc. etc. , a
todo esto en general se le denominaba mejoras en los montes o mantenimiento
en buen estado de estos, y para todo esto, cada ayuntamiento propietario de
montes públicos en producción resinera o maderera tenía que enviar
anualmente el 10% primero y el 15% después del valor total de su producción
al Organismo que antes hemos descrito como Distrito Forestal en nuestro caso
de Segovia.
Todas las labores antes detalladas creaban muchos jornales que influían en
la economía de los trabajadores del pueblo que los realizaban.
Y esta es la historia, a mi modo de ver, de la resina en Sebúlcor, que yo
viví , en mi adolescencia esporádicamente, ayudando en momentos muy
puntuales a mi abuelo y tíos, pues lo más importante era el colegio, y a
partir de mis dieciocho años, como resinero titular de una mata de pinos,
hasta que cumplidos los 56 años dedicándome después, hasta mi jubilación a
otra profesión, que aquí no viene al caso mencionarla, pero que también en
este último periodo de mi vida laboral, por implicación de uno de mis hijos
en el tema de la resina, tuve ocasión y así lo hice, de recordar y practicar
otra vez el oficio, y que ahora a mis setenta y cuatro años añoro porque era
duro y pegajoso, nunca mejor dicho, pero alegre por su independencia y
saludable por sus aromas de monte y resina.
Miguel Arranz
LA
INSTALACIÓN DE ILUMINACIÓN EN LA PISTA POLIDEPORTIVA DE SEBÚLCOR
A lo largo del verano pasado varios miembros de la Asociación “Amigos del
Convento de la Hoz”, encabezados por Juan Carlos Sanz Martín, profesional de
la electricidad, llevaron a cabo la instalación de la iluminación en la
pista polideportiva que se ha construido hace un par de años al lado del
campo de fútbol de Sebúlcor.
La idea y ofrecimiento surgió precisamente de Juancar, quien consideraba que
contando él con un grupo de socios de nuestra asociación que le ayudaran se
podría instalar la iluminación y conseguir que el Ayuntamiento se ahorrara
una cantidad económica considerable, tal y como se pudo constatar al
finalizar la instalación, pues partiendo de un presupuesto inicial, con el
que contaba el Ayuntamiento, de 7.000 € para 12 focos, que serían 9.000 €
para los 18 finalmente instalados, el coste final se quedó en unos 3.000 €,
es decir un ahorro de unos 6.000 €.
Para empezar fue necesario echar dos viajes a Madrid a por todo el material.
El primero fue realizado por Juancar, José M.ª Hernández y Juan Pinilla y el
segundo por Javier y, de nuevo, Juancar. En cuanto a la instalación
propiamente dicha se emplearon otros cuatro días de vacaciones, que más o
menos transcurrieron así:
Primer día: Se empleó toda la mañana y Chema, Saúl Pinilla y Juancar, los
participantes, la emplearon en meter cables de alimentación.
  
  
Segundo día: En esta ocasión fue toda la tarde la que emplearon Ángel Santa
Engracia, Eugenio Chicharro, Javier y Juancar en cablear el interior de la
caseta y el montaje del cuadro.
Tercer día: Una nueva tarde la que emplearon Juancar y su retoño, Víctor, en
meter cables a las columnas y a los focos.
Cuarto día: El final del verano se había echado encima y ese día hubo que
dedicarle mañana, tarde y noche para dejarlo rematado. Por la mañana se
hicieron dos grupos de trabajo. El primero contó con la imprescindible ayuda
de Enrique Gregoris y su grúa para que Juancar y Ángel subieran a una altura
considerable a montar tres de las columnas y Juancar y Jesús Martín
(Mochila) la cuarta. El segundo grupo mientras, que contaba con Chema, Juan
Carlos Martín (Rostro), Fernando (Escayolista) y Miguel Ángel Pascual se
encargaron de conectar las tomas de tierra.
Ya por la tarde se hicieron de nuevo otros dos grupos de trabajo: mientras
J. Carlos Santa Engracia, Uge y el Rostro acababan de conectar los picos de
toma de tierra, Ángel y Juancar terminaban de conectar las columnas.
La noche se empleó para hacer la prueba definitiva de la instalación y para
orientar y ajustar finalmente los focos gracias a la grúa de Enrique. La
prueba fue un éxito total.
Para finalizar decir que en la instalación se montaron 18 focos, que suponen
7.200 w. Este consumo se calculará en coste/tiempo para que el coste de cada
ficha que se tendrá que echar en el cajetín que se va a instalar cubra el
gasto del tiempo determinado que se calcule y así este consumo sea asumido
por las personas que utilicen la iluminación de la pista y no por el pueblo
entero.
También se utilizaron 200 m. de cable de 6 y 300 m. de cable de 2 ½ y de ½.
Además cada columna cuenta con su propia toma de tierra, tal y como indica
el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión, aprobado el 18-09-03, del que
se siguieron todas sus Directrices en el total de esta instalación.
Juan Carlos Santa Engracia Blasco
"EL
CONVENTO DE LA HOZ. DIARIO DE UNA INVESTIGACIÓN"
La Asociación “Amigos del Convento de
la Hoz” va a editar próximamente el primer libro que se publica en
Sebúlcor a lo largo de su historia. Se trata de “El Convento de la Hoz.
Diario de una investigación” y su autor es J. Carlos Santa Engracia
Blasco. En él, utilizando como hilo argumental un diario, el autor va
desgranando y sacando a la luz algunas historias y descubrimientos
relacionados con el Convento de la Hoz, a través de diferentes
capítulos, dedicados a distintos archivos, museos y bibliotecas.
La obra cuenta con Prólogo de José M.ª
Hernández Pascual, Presidente de la Asociación “Amigos del Convento de
la Hoz”. Continúa con una Introducción histórica en la que se cuentan
los grandes acontecimientos acaecidos en el Convento de la Hoz a lo
largo de su historia, así como los datos básicos sobre el mismo que
cualquier lector que se sumerja en la lectura de los capítulos en los
que se estructura la obra debe conocer.

Uno de estos capítulos está dedicado al
Museo Arqueológico Nacional, en el que se exhibe en la actualidad el
Tríptico del Maestro de Santa María de la Hoz. Realizado a finales del
siglo XV, permaneció en el Convento hasta 1835 en que pasó a manos
privadas con la desamortización del mismo. Después de formar parte de
una colección particular de París, acabó en la Galería de Arte “Caylus”,
de Madrid, donde fue adquirida por el Museo Arqueológico Nacional debido
a la importancia artística de la obra.
Otro capítulo es el dedicado al Archivo
Histórico Nacional, en el que se encuentran los últimos libros de Gasto
y de Recibo del Convento.
El Archivo Parroquial de Sebúlcor ha
sido explorado por el autor en busca de información sobre el Convento, y
lo encontrado en él constituye otro capítulo de esta obra, destacando la
historia de la celebración de la última misa en el Convento de la Hoz,
celebrada por el Obispo de Segovia en 1918, curiosamente más de 80 años
después de cerrarse el Convento.
En el capítulo dedicado a la Biblioteca
Pública de Segovia también se encuentran varias interesantes
aportaciones, como el hallazgo del artículo publicado por El Adelantado
de Segovia en 1974, a raíz de la subida por un grupo de vecinos de
Cabezuela del escudo que se encuentra en la actualidad en una de sus
plazas, en el que aparecen diversas fotos del momento de la subida.
También el Archivo General de Simancas
tiene su capítulo en esta obra y dentro de él su mayor importancia se la
lleva el documento encontrado sobre el otorgamiento de una limosna de
15.000 maravedís por parte de los Reyes Católicos al Convento de la Hoz.
En relación con los Reyes Católicos se
encuentran también los capítulos dedicados al Archivo Parroquial de San
Pedro de Gaíllos y Las Edades del Hombre, en Ávila, puesto que en la
iglesia de San Pedro de Gaíllos se encuentra el retablo, procedente del
Convento, que alberga en su interior tres tablas del siglo XV. En una de
ellas se puede ver a Fernando el Católico, junto con los Reyes Magos,
haciéndole ofrendas al Niño, y en otro a Isabel la Católica a los pies
de una Virgen con el Niño. Ésta última fue expuesta el año pasado en Las
Edades del Hombre, en Ávila.
En fin, que todas estas historias y
otras muchas se podrán disfrutar próximamente en el libro “El Convento
de la Hoz. Diario de una investigación”, que antes del verano verá la
luz en una edición limitada y numerada y sobre el que se irá dando
cumplida información en esta web.
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OTRO ALTAR RESTAURADO
Han devuelto el Altar de la
Virgen del Rosario restaurado, junto con la imagen que se llevaron de Santa
Ana, la Virgen y el Niño, perteneciente al Altar de San Antonio. Para que os
hagáis una idea, según se entra en la iglesia y miras hacia el Altar Mayor,
el primer retablo que te encuentras, a la derecha, es el de San Benito, que
es el que restauraron la vez pasada.
 
Antes y después
 
Sigues avanzando y tenemos, ya
pegando a las escaleras para subir al Altar Mayor, dos altares, uno a
derecha y otro a izquierda junto al púlpito. Pues bien, de éste de la
izquierda, que es el de San Antonio se llevaron únicamente la imagen que se
encontraba en lo alto del Altar, que representa a Santa Ana, la Virgen y el
Niño, y se llevaron el Altar de la derecha, que es el de la Virgen del
Rosario, pero sólo el Altar sin la imagen de la Virgen. Ahora han traído las
dos cosas y han dejado la imagen restaurada, que pertenece al otro Altar, en
éste, me imagino que circunstancialmente, ya que la
imagen original de ese Altar, la de la Virgen del Rosario la tienen por ahí,
en otro sitio.
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TORIBIO Y RAMÓN, DOS
ARTISTAS DE LA MADERA
En estas imágenes vemos lo que un par de
manos hábiles son capaces de sacar de una materia muerta como la madera.
Prácticamente una navaja y mucha paciencia son las únicas herramientas que
usan Ramón y Toribio, que hace unos meses nos mostraron sus obras en la sala
de exposiciones de Sebúlcor.
OBRAS DE RAMÓN:
     
OBRAS DE TORIBIO:
     
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EL RETABLO DE SAN
BENITO, ANTES Y DESPUÉS
En estas imágenes que os mostramos a
continuación se puede ver claramente como era el retablo antes de ser
restaurado y como ha quedado tras los trabajos de restauración. Cada imagen
está dividida en dos, una el antes y otra el después.
 


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SI NO PITA NO PASA
Fecha: 27 de julio de 1984
Negociado: Infracciones Administrativas
Asunto: Audiencia al interesado
GOBIERNO CIVIL DE SEGOVIA:
Por
agentes de mi autoridad ha sido dada cuenta que Vd., a las 22 horas del
día 22 de los corrientes, en la carretera de Sebúlcor- Sepúlveda, en
compañía de otros jóvenes, con unas ramas de gran tamaño, golpeaban a
los vehículos y ocupantes de los mismos que circulaban por la carretera.
Como quiera que los hechos anteriormente descritos, podrían constituir
faltas gubernativas de las comprendidas en los artículos 260, 1 de la
ley de Régimen local.
Es por lo que a tenor de lo dispuesto en el artículo 91 de la vigente
Ley de Procedimiento Administrativo, ha tenido a bien concederle un
término de diez días hábiles a partir del recibo de la presente
comunicación para que en trámite de audiencia al interesado y por
escrito, alegue cuanto pueda interesar a su derecho, pudiendo aportar
cuantas pruebas considere pertinentes.
Dios Guarde a Vd.
La gobernadora Civil....
...........................................................................................................................................................
Año de 1984..., 22 de julio, a las 22 horas, día
de Sta. María Magdalena, patrona de Sebúlcor, si os dais cuenta, y
sumáis los números que componen el año del suceso, 1+9+8+4 = 22, que
casualidad....
Bueno, os preguntaréis, ¿cómo llegó esta carta ?. ¿Qué pasó aquel día?.
Como casi todos sabréis, en esa jornada se celebra, desde hace tiempos
inmemoriales, una romería al río, al puente de Villaseca, andando (o por
lo menos así se hacía antes), para festejar, con una buena comida, el
santo, o la celebración del día de nuestra patrona.
Antes, y ahora también, estábamos organizados por peñas, incluso en
aquel tiempo, ya existían los Modorros.
Nosotros pertenecíamos a la inmediatamente superior, en cuanto a edad,
claro, y en ella estábamos enclavados personajes tan ilustres como:
Florentino de Frutos, Francisco Pastor, Luis Martín Tejedor, Fernando
(el palentino), Carlos Santa Engracia, Alfredo Cuesta, Juan Martín, el
que les habla. Bueno, lo que sí me acuerdo es que éramos once, (la mitad
de 22), y pido disculpas por los que se me han olvidado.
Todo marchó con normalidad al principio, salimos al mediodía
aproximadamente, andando, al río.
Ese día, de mucho calor, era mi primera Magdalena, ¿quién me iba a
contar lo que iba a suceder después?
Pero, paso por paso, seguimos con el relato....
Como decía, llegaríamos al río mas tarde de las dos, justo para ir
preparando nuestras parrillitas, que en aquella época, se hacían en el
suelo.... (¡qué tiempos!).
Algunos se bañaron antes, otros se dedicaron a la comida, otros a la
bebida.... otros y otras al río... Porque había que ir a las peñas de
las mozas, a ver si podíamos tirar alguna al agua.
Comimos y bebimos bien, me acuerdo de alguno que iba dando tumbos en
mitad de los bodones del río. Otros, averiguamos en qué zona del río
(metido en el agua y atado a una rama de un árbol) tenían escondido un
bidón de cinco litros de calimocho los Modorros en el río, y dimos buena
cuenta de él... Así paso, luego nos pedían ellos cuentas a nosotros.
En definitiva, entre risas, calimocho, chuletas, río y otros avatares,
pasó la tarde.
Lamento no poder contar muchos mas detalles de la comida de aquel día,
porque lo que pasó después fue lo que más nos absorbió la atención en
esa jornada.
Así pues, llegó la hora de la retirada, evidentemente, también andando;
medio cansados, medio bebidos, pero muy satisfechos de aquel día.
Sería más tarde de las nueve cuando ya iniciamos el camino, primero
nosotros, y detrás, como a medio kilómetro, los Modorros.
Ya por la zona del río san Juan, pero sin salir del cañón, se nos
ocurrió la feliz idea de coger unas ramas de chopo, que abundaban y
abundan en la margen derecha de la carretera, dirección Sebúlcor, para
saludar amistosamente a todos los vehículos que regresaban del río por
dicha carretera.
El juego era simple: nos colocábamos, como fieles escuderos, a ambos
lados de la carretera, provistos de nuestras ramas cada vez que se
aproximaba un vehículo, y simplemente con el hecho de que pitara, le
dejábamos seguir su camino.
¿Qué como sabían los conductores que tenían que pitar?
Pues porque se lo decíamos, con un gracioso estribillo: “ Si no pitas no
pasas, Si no pitas no pasas” y....
Pitaban y no pasaba nada, es decir, pasaban y continuaban su camino.
Los Modorros ya les recibían antes que nosotros, lógicamente, se les
encontraban primero, y ya los conductores sabían de qué iba la historia.
Los coches se acercaban, paraban, pitaban y continuaban, todo normal y
divertido.
Así se nos hacía más corto y llevadero el camino de regreso, que ya nos
pesaba por el cansancio acumulado en la jornada, y paso a paso, claxon a
claxon, nos aproximábamos a Sebúlcor.
Ya estábamos en Negruela, cuando se nos acercaron mas coches, todo
normal: nos apartábamos a ambos márgenes de la carretera e iniciábamos
el ritual de paso de vehículos, pero....
Hete aquí que uno de los coches que se acercaba a nosotros, no sabemos
exactamente por qué (esto nos quedará siempre en duda) no quiso parar,
no estaba predispuesto a pasar de nuevo por el ritual al que
posiblemente le habían sometido antes nuestros compañeros Modorros.
A nosotros tampoco nos pareció bien que no quisiera pitar, por lo que
cuando llegó a nuestra altura, siempre sin detenerse (ni pitar, claro),
le acercamos las ramas al vehículo y posiblemente, alguna ramita entrara
o rozara a alguno de los ocupantes de dicho coche, puesto que llevaba
las ventanillas abiertas.
Por ese motivo, imagino, el vehículo en cuestión frenó en seco, para
recriminarnos, regañarnos o yo qué sé, y, justamente, el que venía
inmediatamente por detrás, le alcanzó, produciéndose un pequeño
accidente, que aparte del ruido, solo ocasionó la rotura de un piloto
trasero del coche que venía primero.
Ay dios mío, ¿que hacemos nosotros ahora? nos preguntamos.
Pues no se nos ocurrió otra que correr, dirección puente de Villaseca y
trepar por las piedras que estaban al lado de la carretera... ¡¡¡qué
forma de correr!!! Parecían los Sanfermines, y que manera de subir por
las piedras los once tíos.
Yo estuve en la zona del hecho tiempo mas adelante y aun en la
actualidad cuando me acerco algún día andando o en bici y miro por donde
trepamos digo... ¡¡¡¡dios mío, pero como pude subir yo por
ahí.......!!!!
Bueno, seguimos...., en esto que los conductores de los vehículos
implicados en el suceso, que a la postre eran familia, viendo que no
podían hacer nada y debido al atasco que se estaba originando,
decidieron continuar.
Nosotros, viendo todo desde las peñas, ya a lo alto del todo, como si
nos hubiera perseguido un lobo.
Al rato, y viendo que se reanudaba la circulación, decidimos bajar, con
mucho sigilo y cuidado, claro.
Aquí empezaban los problemas entre nosotros, ¿qué hacemos?, ¿vamos al
pueblo?, ¿vamos por los campos ?........
Al final decidimos seguir por la carretera, discutiendo entre nosotros
pero acercándonos a Sebúlcor.
Se hacía de noche, se acercaban las 22 horas,,, y cuando estábamos mas
allá de las eras del barrio, mas o menos por la zona conocida como los
pinos del tío Rosca, decidimos otra vez emprender el debate sobre qué
hacer y como íbamos a solucionar nuestro pecado, pensábamos: ¿se darán
cuenta en Sebúlcor?, ¿nos echarán en falta?, ¿estará esperándonos la
guardia civil a la entrada del pueblo?. ¿Qué nos dirán nuestros padres,
familiares o vecinos?
La cosa se ponía cruda, y cada uno de nosotros aportaba una idea para
poder llegar a Sebúlcor sin consecuencias, hubo una mente iluminada que
incluso dijo que nos íbamos a Molinilla a apagar los automáticos de la
luz y así, poder entrar a oscuras a Sebúlcor.
Otros decían continuar, otros (entre los que me incluyo) queríamos
llegar a Sebúlcor por los pinares, pero abandonar la carretera, otros
por el camino de la Matilla.
En esto que pasaban los minutos y los coches y no hacíamos nada,
discutir y continuar, y.....
En ese momento, vemos venir dos luces en dirección contraria a la
nuestra, correspondientes a dos coches que se acercaban, ya les veíamos
venir desde la salida de Sebúlcor y, ¿¿¿¿que hacemos nosotros, nos
escondemos, nos echamos a las tierras, nos metemos al pinar????, pues al
final, como tontos, nada, y mira que nos habría dado tiempo.
Los coches se acercaron a nosotros y pararon a nuestra altura, nosotros
paralizados por el miedo.
Esos coches eran, un 4-L de la Guardia Civil, con cabo y sargento
incluido, y el otro, uno de los vehículos implicados en el suceso
(posiblemente un Seat 124 rojo).
Sale el cabo de la Benemérita del 4-L con la metralleta en la mano,
nosotros acojonados en la cuneta, sale el conductor del 124, gritando,
¡ese, ese, ese ha sido!
Ese no era otro que Fernando el palentino, que el pobre hombre, por
llevar una camiseta naranja, fue el más fácil de identificar para todos.
El sargento pidió calma y requirió a unos cuantos de nosotros para ir al
cuartelillo. Claro, ni dios quería ir - somos menores de edad, dijimos,
- ¿ Sois alguno menor de 16 años ? - preguntó el cabo, a lo que nosotros
dijimos que no, que éramos todos mayores
- entonces, os podéis venir todos, ya que la mayoría de edad penal es 16
Hala...
Quién iba y quien no ¿¿?? (todos, si mal no recuerdo, estábamos con 16,
17 o a punto de cumplir los 18).
Todos haciéndonos los remolones, aunque algunos no se salvaron como
Fernando, Alfredo.....
En definitiva, se llevaron a cinco de los nuestros claro, no había más
capacidad en los coches.
Ya se fueron los vehículos, con la carga, y el resto al pueblo andando,
entre discusiones y quejares.
La entrada al pueblo de los que quedaron, fue espectacular.
Nada mas entrar, a la altura del bar Gregoris, ya se sabía que algo
había pasado.
- ¿que ha pasado? - inquirían los vecinos
- nada, no ha pasado nada
- cómo que no ha pasado nada, acaba de bajar el coche de la Guardia
Civil y ha vuelto con alguno de vosotros, y son las once de la noche, y
vosotros, solos.
- Nada, que hemos tenido un lío pequeño, que dos coches se han dado un
golpe y nos echan la culpa.
El revuelo era fenomenal, todo el pueblo en la calle, los bares
atestados....
Los padres de los implicados, queriendo ir al cuartelillo, los que
quedaron en el pueblo, sin ir a casa, sentados en los poyetes del
ayuntamiento.
Mientras tanto, los que estaban en el cuartelillo, pues de cachondeo
casi, bebiendo agua de la manguera de riego de los rosales, en fin...
Al fin, y al cabo del tiempo, regresaron los ‘detenidos’ con los agentes
de la benemérita, que a su vez vinieron pidiendo papeles y documentación
de cada uno.
El pueblo, bastante cabreado con los civiles, invitándoles a que se
fueran del pueblo, en fin, un lío fundamental.
A la postre y con la documentación de muchos de nosotros en la mano y
después de tomarnos nota, se marcharon al cuartel.
A nosotros, no se nos acababa el lío, ahora a dar explicaciones a los
vecinos, era, el tema en el pueblo, ya cuando estábamos todos juntos
pues a hablar del tema, pero.... no estábamos todos ¡!!!!! Faltaba una
persona...
¿¿Que ha pasado?? ¿¿dónde está.....??
Total, a buscarle por el pueblo, por las casas, por el lavadero, por el
campo de fútbol, la fuente.....
Al final, no le encontramos, bueno, sí, nos dijeron que se dio una
vuelta y luego regresó a casa.
Y todos a cada una de las nuestras...
Eso fue todo.
Así paso el tiempo, con el tema en el pueblo para muuuchos días hasta
que el día 27, recibimos la notificación que encabeza este relato, a la
que hicimos alegaciones y al final, recibimos otra, ya entrado el mes de
agosto, que transcribo brevemente:
....” vistas las circunstancias concurrentes en los hechos.........
he resuelto sobreseer el expediente de referencia sin dar lugar a
sanción económica de ningún tipo.
No obstante, este Gobierno Civil quiere hacer llegar a los expedientados
el convencimiento y la idea de la necesidad de que en lo sucesivo
esmeren su comportamiento cívico-social, manteniéndose alejados de todo
tipo de incidentes y conductas que pudieran dar lugar a hechos de
naturaleza similar a los denunciados.
La Gobernadora Civil
Bueno, y
así se acabo la cosa.
De lo que sí estoy seguro es que no volvimos a coger ramos para ir
diciendo a la gente ‘si no pitas no pasas’ en la carretera.
También estoy seguro, de que no ha habido una fiesta-romería de la
Magdalena, tan sonora (me refiero al claxon de los coches, claro).
Muchas Gracias por vuestra atención.
Un saludo y felices fiestas para todos.
Santi
Notas Aclaratorias.
Los
personajes y nombres incluidos en la historia, son reales.
Me he permitido incluirlos sin su consentimiento, porque es una historia
real, con fallos en mi memoria, pero que se puede conocer en cualquier
momento y preguntando a cualquiera de los implicados y familiares.
No obstante, si alguna persona se siente perjudicada al aparecer su
nombre en este relato, pido disculpas y reitero que no ha sido con el
ánimo de acusar ni descubrir nada que pueda perjudicar a cualquiera.
Aun así, he tratado de generalizar, sin decir que persona ha hecho esto,
o que persona ha hecho lo otro, sino que he hablado siempre como
conjunto.
De esto, hace años, y cualquier detalle que
alguien pueda aportar, será bienvenido, así como cualquier aclaración.
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LA PILA BAUTISMAL
Miguel Torrens, de
BAPTISTERIA SACRA (www.library.utoronto.ca/bsi)
nos comenta lo siguiente sobre nuestra pila bautismal:

Sin tener acceso a la iglesia misma ni
haber estudiado a fondo las pilas de la región -aunque tenemos bastantes de
esa zona- te podría dar algunas generalidades.
La pila es característica, en su diseño
general, de las pilas del románico peninsular: es grande, hemisférica de
copa y trabajada con gruesos gallones, todo ello típico y normal en pilas de
esta época, seguramente siglos XII o XIII, mas bien hacia el XIII sin saber
mas detalles de su derredor.
En este tipo de pila hay unas muy funcionales, sencillas y practicas, hechas
seguramente por un cantero local, según un modelo generalmente usado en la
zona. La de Sebúlcor es mas refinada. El zig-zag superior es normal; los
gallones de dos tamaños, los gruesos y los mas finos que terminan en las
cabezas señalan ya un trabajo mas ornamental y por lo tanto mas caro; las
cabezas son un detalle mas que indica que en esta pila se gasto dinero, y el
hecho de que las caras sean todas diferentes, femeninas (con tocado) y
masculinas con características fisonómicas identificables individualmente,
supone la intervención de un artista mas hábil que un simple cantero y un
coste de la pila mayor.
   
   
   
Ayudaría conocer detalles de la iglesia: ¿esta fechada?, porque lo mas
probable es que la pila sea de la iglesia original, o por lo menos de la
románica, si hubo otra anterior. Ayudaría también visitar y conocer las
pilas de la zona cercana a Sebúlcor. ¿Las conocéis? ¿Como son? A menudo un
taller produciría un número de pilas para la región en una época
determinada, así que es posible que haya otras que, aunque no sean iguales,
denoten una mano común.
(....)El hecho de que haya 12 caras, y bien diferentes, es notable.
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"LA MATANZA" TRADICIONAL EN
SEBÚLCOR
En primer lugar nos reunimos para
dirigirnos a por el animal, lo normal es que se encuentre un poco alejado de
la casa, bien en una pequeña granja familiar o en alguna casa vieja del
pueblo que ahora se utilice para estos menesteres, una vez allí se
entra en las cortes, que es la vivienda del animal se le coge o bien con un
gancho de la papada y o con un lazo atado al morro, metiendo una lazada en
la boca del animal de tal forma que parte del lazo quede sujeto en la
mandíbula superior cerrando el circulo por la parte alta del morro, una vez
realizada esta operación solo habrá que sujetar el gancho o la lazada con
firmeza para controlar al animal y sacarle hacia el exterior de la cuadra o
pocilga.
Una vez fuera se le puede pesar en vivo al
animal en la romana, operación esta algo compleja, a la resistencia del
pobre bicho hay que sumarle mas de 150 kilos por norma general, que tienen
que quedar suspendidos en el aire colgados de la romana. Si no se le
pesa una de dos o se le lleva a casa vivo donde se le mata o se le mata en
el lugar y se le lleva muerto.
Para darle muerte, como norma general
se le sube al banco empleado para la matanza, cuidando de que no apoye las
patas en el mismo, se le coloca de costado, se le atan las patas
delanteras con las traseras entrelazándolas con una cuerda, a fin de
inmovilizarle mejor entre el mayor numero de gente posible 3 o 4 personas,
una de ellas permanece con el gancho clavado en la papada o el lazo a fin de
que no mueva la cabeza y que el encargado de clavarle el cuchillo tenga mas
facilidad para darle una cuchillada certera, a fin de que salga la sangre
con rapidez y el animal sufra lo menos posible, el cuchillo se suele clavar
en la llamada arca que se localiza en la parte alta del esternón, o en el
cuello buscando la arteria principal, pero evitando en el primer supuesto
darle en el corazón ya que este dejaría de latir y se le quedaría mucha
sangre dentro, interesa que el corazón funcione para que bombee
la sangre al exterior, todo esto es como debería suceder, pero una cosa es
la teoría y otra es la practica y a veces no hay suerte y el proceso se
complica o se alarga en demasía, de lo que siempre e oído en el pueblo es
sobre lo bien que mataba el Tío Cándido, también he podido comprobar
que son buenos con el cuchillo Miguel, Teodoro, Alejandro, José y
Rufino.
Una vez clavado el cuchillo una
mujer recoge en un barreño la sangre que mana del animal sin parar de
darle vueltas, para que no se coagule, con parte de esta sangre
cocida, se prepara el almuerzo y por la tarde se
elaboraran las morcillas, fundamental recoger sangre suficiente para poder
hacer estas morcillas.

Muerto el animal se le baja del
banco y se le cubre con paja para socarrarle los pelos, primero la parte de
la espalda y luego posteriormente dándole la vuelta la parte de la barriga.
Este momento se aprovecha para tomar un poquito de orujo o anís y unas
pastas o magdalenas vigilando en todo momento la evolución de las llamas
para que no queden pelos y evitar que el
calor afecte demasiado a las partes mas delicadas que son los jamones. Tras
este paso se procede a raspar toda la superficie del marrano con unos trozos
de teja para quitar las partes quemadas a la vez que se le va echando agua.
Una vez limpio se sube al banco panza arriba donde se le abre mediante 2
cortes desde la papada hasta el final del animal mas o menos paralelos
distantes entre si un poco mas de una cuarta en el centro aproximadamente,
juntándose estos cortes al principio y al final, sacando una tira a la que
se le llama alma . Después de este paso se le cuelga al animal de una viga o
machón boca a abajo, y aprovechando el hueco practicado y la gravedad se le
sacan las tripas y demás órganos, anudando con un hilo por una parte la
traquea y por otra la parte final del intestino para evitar que se salga el
contenido.
Se da cuenta de la matanza al
veterinario, el cual pasara por casa y recogerá muestras del mismo, las
cuales serán analizadas para comerlo con todas las garantías.
El animal quedará colgado hasta el día
siguiente para que escurra y para que el frío entiese la carne, pasando a
almorzar platos típicos de la matanza como es la sangre del animal cocida
encebollada y con un poquito de pimentón, aceite y vinagre al gusto,
chorizo, jamón, lomo y queso.
A todo esto la labor mas dura
generalmente como casi siempre esta empezando a ser realizada por las
mujeres consistente esta en la limpieza de las tripas para por la tarde la
elaborar las morcillas, para las cuales con anterioridad han estado
pelando y picando cebollas. Por la noche reunidos a la lumbre de la cocina
matancera se tiene por costumbre cenar las morcillas, que para que este
curiosa ha de estar sosa y "picosa", las sopillas con el calducho que
es el caldo con ingredientes donde se han cocido las morcillas, así como el
hígado del marrano empanado y o encebollado con tomate y algún torreznillo.
Después de esta cena reunidos en la mesa, se cuentan historias, muchas
heredadas de nuestros mayores, de costumbres, de gentes de antes, de lo dura
que era la vida y casi siempre de alguna historia misteriosa acaecida en el
pueblo, no hace falta recordar que somos el pueblo de los brujos, es como si
el ambiente fuera propicio para este tipo de historias, un tanto tenebrosas
en estas noches frías de invierno, la verdad es que se crea un ambiente en
el cual ni se parpadea para no perder detalle. Posteriormente y para relajar
el tema se suele echar una partidilla a las cartas con unas copillas a fin
de que tanta cena se vaya digiriendo ya que como os he contado son todo
cosas muy “Light”.

Al día siguiente se procede a "estazar",
trocear y clasificar las partes del cerdo, se le sacan las costillas, los
lomos, los solomillos, los jamones, las paletillas, la panceta, la careta
etc., etc. se separan las partes magras de los tocinos, unas partes se
emplearan para picarlas y elaborar chorizo y "butragueña", las mazas de
magras y los huesos se guardaran en congelador o se adobaran como
antiguamente se hacia cuando no había congeladores consistente en poner las
partes a conservar a macerar en un adobo con agua, sal, pimentón y orégano.
En este segundo día, si el veterinario no ha comunicado nada anómalo en los
análisis, se almuerzan partes magras y sabrosas, asadas a la parrilla
regadas con buen vino mientras se cuentan anécdotas de otras matanzas
anteriores y alguna historia interesante o graciosa, como la que
recientemente nos contó en casa de Esther y Rufino, Justo el hijo del burro
pardo de Cabezuela. ( Ya la contare ahora no me quiero enrollar).
Por otro lado se pica la carne para
elaborar los chorizos, se pesa para añadir correctamente los ingredientes y
en un barreño grande de barro se le añade la sal el pimentón y el orégano
mezclándolo con el picadillo, una vez realizada con las manos esta mezcla y
finalizada, se le hace con un cuchillo una cruz de lado a lado del barreño,
santiguándose los presentes y diciendo Olegario que lo aprendió de su abuela
Máxima: " tantas chichas hay en este barreño tantas animas se salven del
purgatorio ".
Por la tarde se fríen los chicharrones y
se hace la manteca entre otras muchas cosas por que ya os digo esto tiene
mucha tarea y no acaba aquí, hay que hacer los chorizos, ponerlos a secar
etc., etc., etc.
Se me olvidaran cosas y detalles, así como
explicar otras formas de matar que se realizan en el pueblo, pero por regla
general a partir del marrano muerto todo mas o menos es igual. Desde aquí os
digo que siempre hay que tratar que el animal sufra lo menos posible y si
hay posibilidad poner en practica el aturdimiento del animal antes del
sacrificio. Directiva del Consejo de la Unión Europea 74/577/CEE de 1974
sobre aturdimiento antes del sacrificio.
Un saludo, Chema.
FOTOS: Raúl García "El Korta"
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EL BRINDIS DE LAS PACAS (San Miguel 2003)
Nuestra regadera alzamos
inaugurando la fiesta
esperando que este vino
no se nos suba a la testa
Brindamos por San Miguel, por Las Pacas,
por las peñas... por Los Ceñiglos también.
Que en las fiestas que comienzan,
la alegría nos invada
que brindemos como locos
hasta que no quede nada
Regamos esta margarita
que si está muerta resucita
albergando la ilusión
que nos reporte un jamón.
Con este brindis casero
Las Pacas nos despedimos
deseando buenas fiestas
a todos nuestros vecinos.
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El
PREGÓN DE LAS FIESTAS DE LA MAGDALENA 2003
Sebúlcor, 18 de Julio de 2003
¡¡Buenas noches a todos los brujos y brujas, y a todos los aprendices!!
Lo primero agradecer a la Comisión de Festejos este honor que me ha otorgado
de ser el pregonero de las fiestas de Santa María Magdalena y lo segundo
deciros que no me he visto en otra igual en mi vida, y que según iba
escribiendo este pregón he intentado contener los nervios, ¡¡que no son
pocos!!
Mi familia vino por primera vez a Sebúlcor en Mayo de 1972, a pasar un fin
de semana, pero ........ ¿Qué tendrá este pueblo que ya nunca nos fuimos?
Nos hicimos o nos hicisteis de Sebúlcor.
Tal vez su maravilloso entorno que hace justo ahora catorce años fue
distinguido como parque natural. El que no disfrute paseando por la Calleja,
Molinilla o Cueva Rota es que no ama la Naturaleza. Y que decir del
Convento, allá abajo, encajado junto al río en el fondo del cañón. Cuando en
él se guardaba la imagen de Nuestra Señora de los Angeles de la Hoz fue el
centro de peregrinación más importante de nuestra provincia. Hasta él se
desplazó en numerosas ocasiones La Católica Isabel en busca de recogimiento
y para rezar a la Virgen.
Pero sin duda el poso cultural que aquí dejaron las distintas civilizaciones
que con el transcurrir de los siglos fueron habitando nuestro pueblo,
celtas, romanos visigodos y árabes, ha sido lo que ha forjado vuestra mayor
riqueza, vuestro tesoro, el carácter abierto y amigable de las gentes de
Sebúlcor. Aquí todo el que viene es bien recibido y enseguida pasa a ser uno
más.
Hace unos días oí decir un refrán a Fernando “cacharrero” decía así:
Buena plaza,
buena fuente,
pero su gente........
Bueno, pues aquí la plaza no esta mal, del agua mejor no hablamos, pero la
gente, ¡¡Ay la gente!!
Nunca podré olvidar como casi recién llegado y sin poder andar, algunos de
vosotros me llevabais a cuestas o en una carretilla a todos los lugares a
los que se dirigían nuestros juegos, nunca me sentí solo.
Pensar en mi niñez es pensar en Sebúlcor, ¿Quién no se acuerda de los
veranos jugando a las covachas? ¿De la perrera en el frontón? ¿Del juego de
valer y a perros o del rescate? ¿De bajar en bici todos los domingos al río?
¿Cómo olvidar las historias que contaban por la noche, sentados al fresco,
mis vecinos de la Fragua y más tarde el señor Justo y su familia? ¿O ya mas
mayor, cuando íbamos a pescar cangrejos al San Juan? ¿De recorrer los
pueblos jugando al fútbol con el equipo de “los Melopeas”? ¿O de ir con “El
Negro” a por las chicas de Cantalejo?
Mis primeros recuerdos de las fiestas de la Magdalena me traen el olor de
las ramas de chopo con que adornábamos los carros para bajar hasta
Casablanca, y el olor de las parrillas y la sensación de la ropa mojada
después de tirarnos al río los unos a los otros. Por aquellos tiempos así
era como se celebraba esta fiesta, sin orquesta, ni pelota, sin juegos ni
competiciones, aunque, según dicen vuestros mayores, hubo una época, cuando
ellos eran jóvenes, en que las fiestas de la Magdalena tenían casi el mismo
esplendor que hoy en dia.
Vosotros me enseñasteis lo que es ir de fiestas, a visitar las peñas, los
bailes de las plazas, aunque estos, por desgracia, nunca fueron lo mío.
Los brujos, como se nos conoce en la comarca, tenemos fama de buenos
bebedores, de saber ir de fiesta, pero a la vez de buena gente, gente
trabajadora, que ha sabido adaptarse a lo que traían los tiempos. Habéis
sido agricultores, ganaderos, resineros, algunos recorristeis España
vendiendo trillos o cacharros, después llegaron las granjas de marranos y
ahora el turismo. Habéis sabido aceptar los tiempos que os ha tocado vivir y
habéis sabido tirar del pueblo para adelante. Hoy en dia, tal y como van las
cosas, da gusto ojear las estadísticas sobre el crecimiento de los pueblos,
no ya solo de Castilla y León, sino de España, y ver que Sebúlcor es uno de
los pocos que en los últimos años ha crecido. Y es gracias a ese espíritu
vuestro de superación y abierto, de hacer amigos, que hace que los
forasteros se sientan como en casa.
Ahora, hace poco mas de un año, que se me ocurrió la manera de devolver a
este pueblo parte de lo mucho que me había dado, de hacer que no solo seamos
conocidos en nuestra región y en España, sino en el mundo entero y con mas
ilusión y ganas que conocimientos ideé “La Web de Sebúlcor”, con la ayuda de
Arancha, mi mujer, y de Carlos y Chema, a quienes todos conocéis. Poco a
poco muchos de vosotros también vais aportando fotografías, textos,
ideas........, y espero que se convierta de verdad en la web de Sebúlcor, en
la que todos participéis. Ahora podemos decir que nuestros pinares los
conocen en Bolivia, que desde Suecia han entrado en la peña de “los
Modorros” y que han visto como jugamos al frontenis o como celebramos
nuestras fiestas en más de cuarenta piases.
Y como de eso se trata, de dar paso a la FIESTA, llego al final de este
pregón sabiendo que disfrutareis de estas como solo vosotros sabéis hacerlo.
Por eso digo:
¡¡Vivan los raspaos y los botellines!!
¡¡Vivan las Fiestas de la Magdalena!!
¡¡Viva Sebúlcor!!
Realizado por: Eugenio Chicharro Gutiérrez, webmaster de esta web.
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