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En esta página:
Los
Brujos----La
inclinación de la torre (ENCUESTA)----Recuerdos
de Semana Santa----Historia
de las Hoces del Duratón----Santa
Águeda----Alcaldes y curas del siglo XX----El
4º milagro de San Frutos----Cartel
de la II Semana cultural(1981)
LOS BRUJOS
En la comarca
desde antiguo se conoce a Sebúlcor como el pueblo de los brujos, aún hoy al
cruzarte por la calle con alguien de otro pueblo no es raro que te diga
"¿que hay brujo?". Esto se debe al uso, que determinadas personas han hecho
sobretodo de plantas y algunas otras sustancias mezcladas con cierta dosis
de superstición para procurar una mejora en la salud tanto física como
espiritual de sus convecinos y de todo aquel que lo solicitara.
A continuación
citaré partes de un artículo aparecido en "El Adelantado de Segovia" con
fecha de 16 de Mayo de 2001, firmado por Guillermo Herrero titulado "El
ultimo curandero":
todavía queda
allí (Sebúlcor) un hombre, M. T., "que sabe curar con hierbas y rezos"
....... reconoce que sus remedios han aliviado durante décadas muchos males
a sus vecinos. El fue resinero. Y allí en el pinar, mientras recogía la
miera
se licenció en botánica. "Tuve un olfato excelente. Olía un poco y ya
sabía que plantas o que animales había por allí".
El dia de la
Ascensión, "a la hora nona" mientras el pueblo de Sebúlcor se congregaba en
su iglesia, T. marchaba al campo a recolectar hierbas. Era un momento
mágico. Las plantas que se cortaban a esa hora tenían efectos sanadores. El
curandero se proveía de las mas diversas especies, desde el beleño hasta el
trigo. Todas juntas iban aparar a un frasco en el que luego irían
disolviéndose hasta formar un liquido negruzco, sin nombre, que era "divino"
para las heridas.

Beleño negro
..... Para los
forúnculos o diviesos, lo mejor era un ungüento de cera, miera virgen,
manteca y aceite. Después de calentarse al fuego, se aplicaba en el lugar
exacto. "Chupaba toda la broza", señala T.. También quitaba clavos, con un
sencillo ritual: "tantos clavos tantos ajos. Se hace una ristra y se tira en
el campo. Y cuando se secan los ajos los clavos han desaparecido". Otra
opción era tirar a un pozo tantos garbanzos como clavos tuviera la persona.
Las anginas
tenían también su pronta curación. T. cogía la palma de la mano derecha del
paciente y aplicaba un masaje en la muñeca. Luego ataba un cordoncito de
lana, a modo de pulsera. Y adiós anginas. Para el catarro, había que beber
una jarra de vino con un poco de manteca. "sabe muy mal, pero el catarro se
marcha enseguida". Y si se trataba de acabar con las antaño frecuentes
lombrices en el ano, el remedio ideal era "comer pan tostado y tirarse
pedos".
Una de sus
especialidades era adivinar si habian echado a una persona "mal de ojo".
"Era necesario traer un poco de pelo de esa persona o un trozo de una prenda
que hubiera estrenado", dice. El misterioso rito también valía para
animales, solo que en este caso se utilizaba una pluma o un mechón de pelo.
En épocas de
escasez, que el ganado disfrutara de buena salud era primordial para que una
humilde familia pudiera salir adelante. Por eso se recurría a colocar
amuletos en el cuello de los animales para asegurar su protección. Sebastián
de Covarrubias, en su "Tesoro de la Lengua Castellana o Española" (1611), ya
hablaba del uso de nóminas y Evangelios para lograr ese fin.
Las personas
también solían portar amuletos supersticiosos. Para curar las almorranas,
por ejemplo, se llevaban en una pequeña bolsita varias plantas, de las que
T. no recuerda su nombre. "Cuando se secaban las hierbas, mejoraban las
almorranas", sentencia el curandero.

Gordolobo
Uno de los
peligros a los que tenían que hacer frente los resineros en el pinar era el
de las picaduras de alacranes. "Si te pica uno, hay que cogerlo rápidamente
y machacarle. Luego te lo pones encima de la picadura y se va el dolor".
Viviendo del pinar, los resineros aprendieron a aprovechar todos sus
recursos. El "guardilobo" era bueno para pescar. "se echaba en un
bodón, se zumbaba un poco el agua, y los peces subían para arriba", dice.
Al amanecer el día de San Juan, T. recogía manzanilla. La
tradición también marcaba esa fecha para cortar la flor del helecho. "Había
que luchar contra fieras esa noche para llegar a ella", asegura T., quien al
punto explica: "Es un chiste, porque el helecho no tiene flor". Para
eliminar a los molestos ratones de las casas, lo mejor era usar la raíz de
la cicuta, "machacada", y si se trataba de sanar de una gripe, las acederas
y los acederones mostraban sus poderes curativos.
"Ahora, con
tantos insecticidas que echan al campo, muchas de estas plantas se han
echado a perder", lamenta T., que también sabe de las propiedades
medicinales del agua de la fuente de La Salud, en Sepúlveda, o de otra
fuente que desapareció bajo las aguas del pantano de Maderuelo.

Cicuta
Las embarazadas
también recurrían a este curandero de Sebúlcor para que vaticinara el sexo
de la criatura. Para ello metía una perra gorda por la blusa de la mujer,
que se aflojaba la ropa hasta que caía la moneda. "Si salía culo sería
chica, y si quedaba de cara, chico". Pero a pesar de su sabiduría, T.
asegura que no tiene remedio para todos los males........
También existe
la leyenda de que cuando se aproximaba una tormenta se tocaban las campanas
de la iglesia y el tañido de estas "espantaba" al nublado.
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LA INCLINACIÓN DE LA TORRE
Raúl, "el Korta", nos manda esta foto y nos
hace la siguiente pregunta:
¿Creéis que terminará la torre en el suelo?
Nosotros os ofrecemos mas fotos y os
pedimos vuestra opinión.
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¿Crees que terminará cayéndose la torre?
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RECUERDOS
DE LA SEMANA SANTA
Todos los pueblos de España, por pequeños que sean, tienen su celebración de
Semana Santa, y en Sebúlcor no podía ser de otra manera, por lo que, los que
fuimos jóvenes allá por los años 50 (ya ha pasado tiempo), recordamos las
costumbres de entonces, si bien muchas se siguen manteniendo hasta ahora.
A partir del Domingo de Ramos, todos los días al anochecer acudíamos a la
iglesia a rezar el Rosario, y un grupo de chicas cantaba unos cánticos muy
propios de esos días de Semana Santa. También hoy se sigue cantando alguno
de ellos por un grupo de mujeres.
El Jueves Santo, en misa, se tocaban las campanas, y ya no se volvían a
tocar hasta el Domingo de Resurrección. Seguidamente, se colocaba lo que se
llamaba el “Monumento”, una forma de escalera donde la gente llevaba velas,
que estaban encendidas todo el día. Dos cofrades, pertenecientes a la
cofradía de San Sebastián se encargaban de tener cuidado del “Monumento” y
eran relevados de hora en hora. Por la tarde, en los oficios, después del
“Lavatorio”, las chicas cantaban algunos cánticos, entre ellos los
Mandamientos. Seguidamente, se celebraba la procesión alrededor del pueblo;
entonces se llamaba y se sigue llamando la “Carrera”, y era cantada por dos
grupos de chicos, alternándose primero el uno y luego el otro. También hoy
se canta. Al anochecer, acudíamos a la iglesia al sermón que nos decía desde
el púlpito D. Bonifacio, el cura que había entonces. Si bien todos los años
era lo mismo, hoy lo recordamos los que vivíamos hace 50 años como una cosa
curiosa.
El Viernes Santo, la procesión del Entierro, también por la noche y
alrededor del pueblo, la cantaban dos grupos de chicas, que al ser nocturna
iban con faroles (las imágenes que se sacaban los días de Jueves Santo y
Viernes Santo eran el Cristo que ahora está clavado en una pared de la
iglesia y la Dolorosa). Seguidamente el sermón desde el púlpito que nos
decía D. Bonifacio.


El Sábado de Gloria era el bautizo del Cirio Pascual, y luego la bendición
del agua, pues era costumbre llevar algo de agua para casa, porque decían
que era bueno regar la casa con ella para ahuyentar los malos espíritus.
El Domingo de Resurrección había que madrugar para sacar al niño en
procesión. Ésta se celebraba (después de dar la bienvenida al cura, a las
autoridades, y también al sacristán), primero alrededor de la iglesia, para
juntarse la Virgen y el Niño en la Cruz, y después por la carretera. Por la
tarde, en el Rosario, se cantaban las “Quince rosas”.
El Lunes de Pascua, que era día de fiesta, después de misa, D. Bonifacio con
el sacristán y los monaguillos recorrían todas las casas del pueblo,
recogiendo lo que llamaban las “cédulas”, que era un pequeño papel que daban
cuando se celebraban las confesiones durante la Cuaresma; y a la vez
recibían alguna gratificación de parte de los habitantes de cada casa.
Esto es, más o menos, lo que era la Semana Santa en los años cincuenta.
Firmado:
Un Hijo de Sebúlcor.
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HISTORIA DE
LAS HOCES DEL DURATÓN.(de Manolo Matesanz)
Manolo Matesanz (+ 80 años) ha redactado un texto en el que recoge sus
recuerdos y conocimientos sobre la Hoces del Duratón. Si alguien considera
que hay alguna imprecisión en el mismo puede aportar su opinión en el foro
de esta web. Por nuestra parte nos limitamos a transcribir literalmente el
texto en el que el autor expresa sus conocimientos, y animamos a toda la
gente para que tomen ejemplo y nos envíen textos, fotos, opiniones, etc.,
que ayuden a engrandecer un poco más la historia y el conocimiento de
Sebúlcor.
Historia de las Hoces del Duratón, correspondiente a lo que comprende al
término municipal de Sebúlcor, desde el Villar de Sobrepeña hasta el embalse
del Burguillo.
Empezando desde el Km. 10, que limita con el Villar en el sitio de Las
Ventosillas, comprendiendo la parte izquierda del cauce del río para abajo,
nos encontramos con el vertiente de La Mata, que abarca parte del coto de
Negueruela, propiedad de los herederos de Don Servando de Cantalejo. En la
parte derecha del río San Juan, afluente del Duratón (río que nace en la
sierra de Guadarrama y pasa por Castroserna de Arriba y de Abajo,
Aldealcorvo y llega a las fuentes de San Juan, que son unos manantiales
extraordinarios en cantidad y en calidad del agua, y que surten a los
pueblos de Cantalejo, Aldeonsancho y Fuenterrebollo, con sobrante para que
el caudal de agua llegue al molino de San Miguel de Neguera o del Barrio).
El Barrio es un pueblo ya abandonado donde vivían las familias de Molineras
de Cayetano Casado, y las Hortelanas Santos Arranz y Eugenio Arranz, que
cultivaban la huerta de donde se cosechaban los mejores pimientos morrones
de toda la comarca.
El río San Juan sigue para abajo por Negueruela hasta el Pico del Encuentro,
frente al Covacho, donde desemboca. A la derecha del Duratón, unos 100
metros más arriba, se encuentra la Cueva de los Siete Altares, con pinturas
rupestres y varios detalles de la antigua civilización.
Siguiendo para abajo, a pocos metros de la desembocadura del afluente San
Juan, se encuentra Casa Blanca donde antiguamente había un molino y existe
la pared de la casa donde habitaban y la cueva donde tenían las cuadras de
los borricos con los que transportaban los costales del grano que molían
para hacer el pan (al dueño le llamaban el Tío 18, porque llevaba 18 burras
para la faena de carga).
Siguiendo río abajo llegamos al Callejón, una vertiente hasta el río que en
tiempos de lluvia arrastra piedras enormes hasta el río. Y un poco más
abajo, a unos 300 metros, podemos ver la desembocadura del arroyo de
Sebúlcor, el cual, pocas veces lleva agua ya que en un sitio llamado La
Entradera donde es todo arena se filtra el agua. Pero se dice que luego
brota en las Fuentes del Palanquillo.
Pasado esto, llegamos a Molinilla, donde existía otro molino de las
características del anterior. El transporte se hacía de la misma forma, ya
que los carros no podían acceder al molino. Al dueño de esto le llamaban el
Tío 14 porque tenía 14 burros. Varias veces, al encontrarse el Tío 18 con el
Tío 14 en el camino de los arrieros, que era una senda en la que casi no se
cabía, decía el de Molinilla: “¡Apártate que van 14!”, y el otro contestaba:
“¡Apártate tú que van 18!” y discutían varias veces por esa causa. Este
molino también desapareció por el año 1920. Lo compró don Fausto de Miguel
de Cabezuela e hizo una central eléctrica que empezó a funcionar y a dar
servicio a estos pueblos en el año 1926 (anteriormente, por la noche se
alumbraban con candelas de aceite y teas de los pinos de resina,
característicos de esta zona). Esta central ya fracasó en los años 50,
cuando subieron la pared de la Presa del Burguillo unos 10 metros sobre la
altura anterior. Se abandonó porque el embalse lo inundaba todo y la familia
Chocolate (así les llamaban) tuvo que emigrar.
Siguiendo nuestro camino llegamos a la Calleja, donde en el lado de
Villaseca existen ruinas de una iglesia, y al otro lado está la Cueva del
Peaje, donde se recaudaban los impuestos por cruzar el río a todos los
arrieros que iban a Villaseca y demás pueblos de la zona. A unos 500 metros
está la Cueva de Cuajaries, que servía para encerrar las ovejas y cuidarlas
en el invierno. Más adelante están las fuentes del Covacho, en la majada de
los conejos, que tienen unos manantiales en los que se ve brotar el agua a
borbotones.
Llegamos al Vallejo ancho, donde se encuentra la Cueva Cuadrada y a la cual
sólo se puede acceder atado descolgándose por una pared. Después está Cueva
Rota, con forma de puente y donde se atendían los partos de las ovejas y de
donde no podían salir. Al lado de esta cueva está la calera, un horno de
hacer cal que usaban los frailes de San Benito. Fue utilizado para construir
el Convento y bajaban la cal y la arena de las Carrascadas, y la leña del
monte y de las viñas por el Portillo de Pedraza, que era por donde
únicamente se podía acceder.
Del Convento sólo quedan las ruinas, y el Altar de San Benito se llevó a
Sebúlcor, donde se encuentra en perfecto estado en la iglesia. Pero los
escudos tallados en piedra han desaparecido, sólo queda uno en la plaza de
Cabezuela como monumento. Las bodegas donde guardaban el vino y los
comestibles permanecen también pero en muy malas condiciones.
En la casa que hay detrás, que perteneció a don Paco Arroyo de Sepúlveda y
donde pasaba los veranos, trabajaba mi tío Dionisio Rodrigo en el año 1880.
En una pared de esta casa existe una piedra con la inscripción de la visita
de los Reyes Católicos al Convento de San Benito de la Hoz.
En el lugar donde se encuentra este Convento es donde está la verdadera hoz
que hace el río Duratón. Desde el pico que se encuentra enfrente de esta
hoz, y que pertenece a Villaseca, se puede ver la mayor reserva de buitres
de España. A su lado se encuentra la Cueva de la Virgen a una altura de más
de 150 metros.
Siguiendo el curso del río se encuentran las peñas de la Nevera, que son las
de mayor altura de todo el río y, a continuación vemos el Portillo de las
Tres Cruces, lugar donde se cruzan tres términos: el de Carrascal del Río,
el de Fuenterrebollo y el de Sebúlcor.
Frente a la Nevera, en el centro del río y cubierto por las aguas, está el
Canto del Queso, que es una piedra redonda de unos cuatro metros de diámetro
por tres de altura, y un poco más abajo se encuentra la llamada Cama de la
Virgen, otra piedra de seis metros de largo por tres de ancho y dos de
altura. Todo esto se ve cuando baja el nivel de las aguas.
Ya en el término de Carrascal, pasado el portillo está la Cueva del Pez, ya
cubierta. En este lugar, hace unos 40 años, un señor llamado Leoncio Mañas
fue a por piedra para hacer cal, y cargó tanto que la pareja de machos no
pudo con la carga y cayó al río.
Más adelante, a unos 800 metros de este lugar, están las ruinas de El Batán,
una presa donde todos los tejedores iban a batanar las telas que tejían
(lino y cáñamo), y entre los cuales se encontraba mi tío Sebastián Serna.
Seguimos 1 Km. y nos encontramos con la Ermita de San Frutos, a la cual se
le atribuye el milagro de curar el dolor de muelas si se da una vuelta a su
alrededor (se quita el dolor ya que cae directamente al río desde una gran
altura). Se le atribuye también el milagro de curar a los niños con hernia
inguinal con el aceite de una lámpara. Se cuenta que San Frutos está
enterrado en la iglesia de Sebúlcor.
Terminamos el recorrido por las Hoces del Duratón cuando llegamos a la presa
del pantano del Burguillo donde se encuentra la central eléctrica.
M. MATESANZ
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SANTA
ÁGUEDA
El día 5 de
febrero las mujeres del pueblo celebran el día de Santa Águeda, durante ese
día ellas son las que mandan en el pueblo. Es una tradición que data de hace
siglos, cuando en el año 1.227, durante el reinado del rey Alfonso VI, los
árabes ocupaban el Alcázar de Segovia y las mujeres de Zamarramala
entretuvieron a estos con sus bailes frente al Alcázar, mientras sus maridos
los desarmaron y tomaron la fortaleza.
Este dia, a
primera hora de la mañana, se reúnen las mujeres vestidas con el traje
típico de nuestra tierra y van a buscar a la alcaldesa. Entonces se dirigen
a la iglesia para sacar a la santa en procesión acompañadas por el cura
y el grupo de dulzaineros del pueblo que con sus jotas segovianas harán que
cada poco se pare la procesión para bailar la jota.

Después las
mujeres marchan a la entrada del pueblo y armadas con cestas llenas de
bollos hacen parar a los automovilistas pidiéndoles dinero y correspondiendo
ellas con sus bollos.
Más tarde van
todas juntas a comer en el salón municipal. Entre risas, chistes y
chascarrillos pasan un día agradable que concluye con un baile de
jotas en la Plaza Mayor.
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LISTADO DE ALCALDES Y
CURAS DEL SIGLO XX
|
AÑO |
ALCALDE |
AÑO |
SACERDOTE |
|
1903 |
JUAN DE LUCAS |
1912 |
MÁXIMO MERINO |
|
1906 |
LEONCIO DE SANTOS |
1913 |
EDUARDO DIEZ |
|
1912 |
ROMÁN
MARTÍNEZ |
1914 |
PEDRO CASAS |
|
1914 |
MARIANO RODRIGO |
1918 |
NORBERTO SALAMANCA |
|
1920 |
GREGORIO DE FRUTOS |
1920 |
AMBROSIO MONTES |
|
1922 |
ROMÁN RODRIGO |
1921 |
JUAN DE SANTOS |
|
1923 |
PEDRO DIEZ |
1922 |
MARIANO P. BALLESTEROS |
|
1930 |
ROMÁN
RODRIGO |
1925 |
LUIS AMADOR PASTOR |
|
1931 |
EUSEBIO DE SANTOS |
1926 |
BONIFACIO ZAMARRO
SACRISTÁN |
|
1937 |
TEODORO MATESANZ |
1967 |
RAFAEL MARTÍN |
|
1939 |
EUSEBIO DE SANTOS |
1968 |
FRANCISCO ZAMARRO |
|
1940 |
ANDRÉS
GONZÁLEZ |
1986 |
JESÚS SANTOS |
|
1944 |
JULIÁN DIEZ |
1986 |
MARIANO MUÑOZ |
|
1948 |
SANTOS ARRANZ |
1989 |
J. MERINO |
|
1956 |
JULIÁN DIEZ |
1993 |
FÉLIX VELASCO |
|
1976 |
MIGUEL ARRANZ |
|
|
|
1985 |
J. CARLOS SANZ |
|
|
|
1991 |
MODESTO SANZ |
|
|
|
1995 |
J. CARLOS SANZ |
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|
2000 |
CARMINA ORTIZ |
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|
Fuente: Teodoro Martín
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EL CUARTO MILAGRO DE SAN FRUTOS. EL
RESCATE DEL INFANTE DE SEBÚLCOR
(Probablemente anterior al año 1.000)
Antes de que mediara el dia, en pleno verano, acuciado por
las hambres, el buitre planeo por el caserío desmedrado de Sebúlcor, Un niño
de trece meses distraía su tiempo sujeto en un carretón a la sombra de un
árbol, en una calle sin concurrencia. La madre, que se afanaba en la casa,
ojeaba de vez en cuando los humores del infante. Por los campos en sazón se
repartían los vecinos, entregándose a los menesteres de la recolección. Tras
observar el terreno y comprobar que las circunstancias eran favorables, el
buitre se lanzó en picado sobre el niño. Clavo las curvas y potentes uñas
sobre el justillo y emprendió trémulo vuelo hacia el nidal, pues las
convulsiones del infante, además de su peso, lo hacían zarandearse. Cuando
la madre salió, alertada por los lloros, el ave remontaba el caserío con el
niño suspendido en sus garras.
--¡Mi hijo, mi hijo! ¡Que me roban a mi hijo!--gritó la madre desgarrada.
Pero de nada sirvieron los lamentos, las imprecaciones, los lloros y las
alarmas.
La madre y alguna vecina vieron como el buitre se alejaba, perdiéndose en el
aire, cada vez mas pequeño, mas pequeño.....
Como un ave ligera voló la desgraciada entre las gentes. Antes de que el sol
de aquel dia se ocultara, un pastor se presentó en Sebúlcor con el niño
dormido en un zurrón.
--Sano te lo entrego por la gracia del anacoreta --dijo el pastor a la
madre, que abrazó fuertemente a su hijo contra el pecho.
--Yo mismo se lo rogué cuando el buitre volaba sobre el oratorio --explicó
el pastor-- y, en vez de seguir camino del nidal, bajó en vertical y,
cuidadosamente, posó la criatura donde tantas veces se había reclinado en
vida el santo. Sin un rasguño quedo el niño postrado a la puerta del recinto
sagrado. Ante tal suceso le di pan a la rapiña de mi propia mano hasta que
sació el hambre. Una hogaza larga consumió el animal. Os aseguro que nunca
acarició mi mano pico de rapiña tan domestica y mansurrona.
Extraído del libro de Ignacio Sanz "Hoces del Duratón"
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CARTEL DE LA SEGUNDA SEMANA CULTURAL
(Diciembre y Enero de1981)
Curioso cartel de la segunda semana cultural de Sebúlcor del año 1981, ¡como
han cambiado las cosas! y si no fíjate en la charla coloquio del dia 2 o en
la forma de celebrar el dia de la mujer (dia 3).
El cartel es de Carlos, que desde entonces lo guarda como un tesoro.

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