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La
Edad de los Metales se inicia con el Calcolítico. El paso a la Edad del
Bronce se produce cuando aparece la aleación del cobre y el estaño. En la
Edad del Bronce surgirán las primeras civilizaciones.
Es en
este periodo cuando la metalurgia adquiere su verdadero sentido con el
empleo extendido de la fundición. Gracias a esta técnica, la pieza fabricada
deja de estar limitada en su forma y tamaño, como ocurriría con la piedra,
el hueso y la madera. El diseño de la pieza se consigue mediante la
fabricación de un molde de arcilla. La fundición permite, además, la
aleación de distintos metales. La aleación más antigua es el bronce, más
duro y resistente que el cobre y con un punto de fusión más bajo.
Todos
los adelantos que se venían produciendo en el Calcolítico, unidos a los de
este periodo, hacen que se produzca ahora una acentuada especialización
laboral. Aparecen los «especialistas a tiempo completo», que serán los
artesanos del metal y los comerciantes, quienes a cambio de su trabajo son
mantenidos por el resto de la sociedad.

P. rupestre de la
Solapa del Águila
El poder
político y económico se centra en determinados estamentos, generalmente en
manos de guerreros y sacerdotes. Por esto, en estas primeras ciudades la
vida se concentra en torno al Palacio o el Templo. El resto de la población
se especializa en sus respectivas actividades. Esta nueva y compleja
situación necesita la aparición de un aparato administrativo, que ha de
verse apoyado en la creación de la escritura y en los primeros sistemas de
pesos y medidas.

P. rupestre de la
Solapa del Águila
Los
restos encontrados en Sebúlcor, de esta época, son todos de arte rupestre.
La mayor densidad de frisos pintados se encuentra en los escarpes más
encajados de la zona del Cañón. Existe una clara tendencia a situar los
grupos de pinturas en lugares «especiales» de la roca –oquedades, pliegues,
recovecos, etc.- llegando en algunos casos a incorporar el artista estos
accidentes como parte integrante de los dibujos. Estas estaciones rupestres
destacan por estar situadas en lugares visibles y espectaculares y, en
algunos casos, de muy difícil acceso.

P. rupestre de la
Solapa del Águila
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