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El comienzo de la
romanización de la península ibérica data del año 218 a.C.,
cuando las legiones romanas de Cneo Cornelio Escipión desembarcaron en
Ampurias, en la costa catalana, para enfrentarse con sus enemigos
cartagineses, ocupantes de las zonas costeras y de parte del interior. En
una primera fase se procedió a la conquista militar —de la zona cartaginesa
hasta el 206 a.C.,
de la zona interior durante el siglo II a.C. y del resto en el siglo I
a.C.—, no exenta de dificultades debido al valor y ansia de independencia de
los indígenas, con continuas rebeliones. En una segunda, iniciada cuando aún
gran parte de lo que será Hispania no
había sido conquistada, se procedió a una asimilación cultural del
territorio. Una de las consecuencias del prestigio de Roma y de lo romano
será la aspiración a la ciudadanía, conseguida a duras penas por los
indígenas a base de dinero o en premio a su fidelidad. La política
colonizadora de Julio César y de Augusto en el siglo I a.C. fue el impulso definitivo a esta labor, iniciada
tímidamente dos siglos atrás con la llegada de soldados y comerciantes,
suponiendo ahora no sólo el asentamiento de veteranos de las legiones
—emparejados con las mujeres indígenas— sino también nuevas remesas desde la
propia Italia, en busca de nuevas tierras y mejores condiciones de vida. El
clima de paz y la lejanía de los frentes bélicos contribuyó decisivamente a
la mejora de la economía y, con ello, a la aceptación definitiva de Roma.

Principales calzadas romanas
Entre los posibles y
los confirmados, siete son los puntos del Cañón del Duratón que denotan la
presencia de Roma. No deja de ser curioso este número si Septempublica
(originario nombre de Sepúlveda) es nombre romano y se interpreta como
nombre genérico de siete pueblos comarcanos.
A continuación
hablaremos del asentamiento romano descubierto en el término de nuestro
pueblo.
Cerca del pueblo
abandonado de San Miguel de Neguera (Sebúlcor), muy próximo a la confluencia
de los ríos San Juan y Duratón, existe un suave cerro que domina, al Oeste y
al Norte, una gran extensión de campos de cultivo. Al Este y al Sur del
cerro discurre el valle del río San Juan.
Sobre este cerro, en
la superficie, es posible observar fragmentos, relativamente numerosos, de «terra
sigillata», además de cerámica común o «de cocina». Junto a ellos aparecen
ladrillos de sección rectangular y macizos, restos de tejas y algunos trozos
de estuco pintado.
Ni la extensión del
asentamiento ni el número de restos visibles permiten, ni remotamente, la
comparación, en cuanto a su entidad, con el yacimiento de Duratón, cabeza
administrativa de la región (en época romana).
Por tanto, estamos
ante un lugar de importancia secundaria una villa rural, quizá dedicada a la
explotación de los recursos naturales de su entorno, que ofrecen excelentes
condiciones para el desarrollo de la agricultura y la ganadería.
Los escasos restos
observados hasta el momento no permiten un acercamiento a la cronología del
asentamiento romano del «Cerro del Castillejo», como lo denominó Molinero
(1955).
Hay claros paralelos
en la elección de este lugar y la de Duratón, salvando, por supuesto, las
diferencias de escala. Ambos se establecen sobre suaves cerros, próximos a
la confluencia de dos ríos, desde donde se dominan extensas áreas de buenas
tierras para la explotación agrícola.

Construcción
de calzada
Una de las
consecuencias de la romanización fue la creación de una red viaria que unía
las principales ciudades de Hispania, las calzadas. En un principio fueron
diseñadas para fines militares y políticos: mantener un control efectivo de
las zonas incorporadas al Imperio era el principal objetivo de su
construcción. El desarrollo de la red de calzadas se produjo al mismo tiempo
que el crecimiento del Imperio. Una vez construidas, las calzadas
adquirieron importancia económica, pues al unir distintas regiones,
facilitaban el comercio y las comunicaciones. Se usaron piedras de distintos tamaños para
construir unas calzadas sólidas: las piedras grandes se colocaban en la base
y sobre éstas se establecía una capa de piedras más reducidas. En algunos
casos, normalmente en las rutas más importantes, sobre estos cimientos se
colocaba un firme de adoquines. Las calzadas tenían sistemas eficaces de
desagüe, logrado mediante la construcción de una curvatura en las orillas.
Generalmente se construían en línea recta, tomando la ruta más directa allí
donde era posible. Cuando las montañas no lo permitían, los ingenieros
construían complicados sistemas de circunvalación.

Posible
recorrido de la calzada romana
Según
varios estudiosos de la materia (Abasolo, Taracena, Linaje, Zamora)
por
Sebúlcor pasaría una de estas vías
(de segundo orden) que uniría Duratón y
Sepúlveda bien con Segovia o con Coca.
Es
apropiado repetir aquí que Sebúlcor es un toponímio romano derivado de la
palabra latina sepulcrum.

Puente viejo de S. Miguel de
Neguera
Junto al
puente viejo que hay sobre el río San Juan en San Miguel de Neguera (Sebúlcor) existe un tramo de camino adoquinado que muy bien podría
pertenecer a una antigua calzada romana dado que muy cerca de aquí se
encuentran los restos del asentamiento romano.

Puente viejo de S. Miguel de Neguera
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